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Red Internacional

El atentado a las Torres Gemelas, hace 20 años se vio en todas partes del mundo prácticamente en vivo y en directo. Marcó el inició de la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Claudia Ferri@clau.ferriok

Viernes 10 de septiembre | Edición del día

El 11 de septiembre del año 2001 dos aviones secuestrados chocaron en un atentado contra las Torres Gemelas, el centro político, económico y financiero de Estados Unidos. Este hecho histórico ocurrido hace 20 años, que se vio en todas partes del mundo prácticamente en vivo y en directo, marcó el inició de esta nueva forma de guerra: la guerra contra el terrorismo.

Fue una política militar impulsada por Estados Unidos, votada por el Congreso tres días después de ese 11 de septiembre. Justificaba y financiaba la invasión y ocupación de fuerzas militares en una zona clave del planeta como era Medio Oriente, por su ubicación geográfica particular -está literalmente en centro del planeta y permitía mantener controlado el avance de potencias como Rusia o China-, y también por los enormes recursos petrolíferos que tiene. ¿El objetivo de esta guerra? recuperar su lugar como país hegemónico, es decir, como el más poderoso del mundo. Este fue un tema que copó su agenda política nacional e internacional durante muchos años.

Mirá el video: 11S: ¿qué fue la guerra contra el terrorismo?

Fue creada por el entonces presidente George Bush (hijo) y su administración ultra conservadora y republicana pero sólo tuvo un voto en contra en el Congreso lo que muestra, de fondo, los intereses guerreristas de todo el sistema político estadounidense.

Cuatro características que tiene este tipo de guerra del siglo XXI:

La primera es que no era una guerra convencional o “clásica”. Es decir entre dos o más estados o ejércitos en igualdad de condiciones. Sino que militarmente estaba: de un lado Estados Unidos y la OTAN (que incluye a todas las potencias imperialistas europeas, y todo su aparato militar); y del otro lado ejércitos irregulares, grupos armados o milicias que utilizan métodos -muy cuestionables, sí- como la realización de atentados por igual sobre instituciones y población civil y que apoyan la creación de un Estado Islámico en Medio Oriente. Grupos que en general pueden recibir el apoyo de los pueblos invadidos como una forma de combatir la invasión imperialista.

Una segunda característica de la guerra contra el terrorismo es que creó un nuevo enemigo. Si en la década de los 50 Estados Unidos decía que la guerra era contra los comunistas, en los años 60 y 70 contra los subversivos, y en los 80 fue la guerra contra el narcotráfico. A comienzos del siglo XXI el nuevo enemigo era el llamado “terrorismo internacional”. Se refería a las organizaciones terroristas que habían atentado contra las torres gemelas, pero terminó siendo una gran generalidad que incluía básicamente a todo aquel que se oponga a los “valores democráticos estadounidenses”.

El perfil de enemigo más reproducido era el de que mostraba a las musulmanas y los musulmanes como una especie de fanáticos religiosos que se oponían a la cristiandad, a la democracia, a los valores de la “civilización occidental” y que todos eran o terroristas o tenían algún familiar o amigo que lo era. Primero justificó diciendo Bush que esto era una guerra entre el bien y el mal, entre la civilización y la barbarie. Después se dijo que en realidad la intervención era por “razones humanitarias”, cuando la experiencia, las imágenes y los resultados muestran todo lo contrario.

Lo cierto es que se armó un discurso de odio que se reprodujo en noticias, películas, series y provocó el aumento de ataques a inmigrantes y descendientes árabes en Estados Unidos y en Europa.

Una tercera característica es que era una “guerra” a escala global. Como las células terroristas podrían armarse en diferentes partes del mundo; había que desarrollar una vigilancia internacional y el compromiso de todos los países de tener que meterse en este conflicto. Porque según Estados Unidos o estabas con ellos o estabas en su contra. De hecho como consecuencia de esto en Argentina (como en otros países) se sancionó en el año 2007, durante el gobierno kirchnerista, una Ley Antiterrorista que hoy sigue vigente. Si se escribe en el buscador Ley Antiterrorista en Argentina seguramente mucho lector se puede llevar una sorpresa.

La cuarta característica tiene que ver con los métodos usados en esta guerra. Básicamente se invadía un territorio supuestamente amenazado por terroristas y se instalaba un gobierno títere, débil y en general impopular. Mientras, las grandes compañías estadounidenses y europeas se apropiaban del petróleo de la región.

La población local continuamente sometida a maltratos, torturas por ser considerada “cómplice” del enemigo. Todo hizo crecer el odio contra los invasores. La primera prueba se hizo en Afganistán, 20 años de guerra y destrucción. Después: le tocó a Irak, invadido y ocupado porque Saddam Husseim, quién supuestamente tenía armas de destrucción masiva, que después se supo que era mentira, pero provocó su derrocamiento. Una enorme cantidad de avances técnicos y cibernéticos fueron puestos al servicio de todo esto.

Las consecuencias de la guerra contra el terrorismo las podemos encontrar en diferentes niveles: geopolítico, económico, social y cultural. Se modificó violentamente la vida de millones de personas.

Ha dejado una enorme cantidad de muertes. Para el año 2018 se estimaba que más de 2 millones de personas murieron en forma relacionada a esta guerra contra el terorrismo. Los más afectados, como siempre, fueron los pueblos invadidos.

Esta forma de guerra también ha causado, en forma directa o indirecta, gran parte de la ola masiva de refugiados que vemos hoy en Europa y otras partes del mundo. Millones de personas se han desplazado para escapar del hambre, la guerra y la muerte. Un problema profundo, muy actual, que ningún país capitalista va a querer resolver realmente.




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