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SUPLEMENTO

Algo se empieza a mover: Massa y las calles de los bolsillos saqueados

Lucho Aguilar

PANORAMA

Algo se empieza a mover: Massa y las calles de los bolsillos saqueados

Lucho Aguilar

El nuevo superministro asume en medio de huelgas docentes que forzaron un paro nacional. El malestar salarial se siente en las calles y los gremios. Algo se empieza a mover. Los desafíos del clasismo ante una nueva etapa del peronismo en el poder.

En una calle porteña, un hombre se frena ante el micrófono. Nunca habló en cámara pero lleva algo atragantado hace tiempo. “Trabajo en un colegio hasta las 3 de la tarde. A las 7 entro en un restaurante. Salgo a la 1 de la mañana. Descanso 4 horas y vuelvo a empezar”. Así cada día. El video de La Izquierda Diario se volvió viral en redes, exponiendo el drama del multiempleo. Una celadora agarra el megáfono, quizás por primera vez también, en una asamblea docente en Mendoza. “Dejamos la vida y el cuerpo en cada lampazo, durante 40 años, y nos jubilamos con la mínima”. Cobra 22 mil pesos de básico. Junto a las maestras que la escuchan van a votar 72 horas de huelga, hartas de cobrar 47 mil por mes. Como las de Chubut, La Rioja, Santa Cruz, Santa Fe. Una enfermera marcha por las calles de la capital jujeña con un cartel pintado a mano: “Esenciales son sueldos miserables”. Junto a ellas marchan camilleros que cobran 19 mil pesos. En una plaza de Cafayate los turistas asisten a una sorpresiva marcha nocturna. “Vitivinícolas autoconvocados - Con 48 mil pesos no se puede vivir” dice la bandera. Miran la carta de vinos que les acaban de traer; no entienden nada. Un supervisor de Bridgestone patotea a un delegado: “Mirá tu color de piel y mirá la mía. Se les van a acabar los paros zurdos de mierda”. El insulto retumba en la planta silenciada por el paro obrero. Los portuarios rosarinos hacen lo que el Gobierno no quiso. Paro y piquete a Vicentín. “Esto fue por impulso de la gente. Trabajamos como en la esclavitud, el sindicato tiene que defendernos”. Una piquetera grita en medio de “la avenida más ancha del mundo”: ¡tenemos hambre!

La patria asalariada vuelve a mostrar los dientes, de a poco. Sus dirigentes insisten que hay que seguir esperando. ¿Hasta cuándo? Miran la tele con desconfianza. No entienden qué festejan esos hombres de sonrisas brillantes en Casa de gobierno.

Foto: Mariana Dedelcu
Foto: Mariana Dedelcu

Grietas

Si el 2020 y el 2021 vieron dos oleadas de luchas, el 2022 arrancó con el mismo malestar pero una política de contención que se viene resquebrajando. Según nuestro Observatorio de Conflictividad Laboral, casi la mitad de las luchas de esos años tuvieron como bandera el salario. La otra marca fue el surgimiento de fenómenos autoconvocados, ante la complicidad de la burocracia sindical. La tercera, la bronca que llegaba una y otra vez desde “el interior”, desde los bordes.

¿Qué pasó luego? Se pusieron en marcha algunas políticas estatales para evitar que la conflictividad obrera y social se cruce con la crisis económica y política que se aceleraba. Los gobiernos y las cúpulas sindicales buscaron entonces que una parte de la clase trabajadora le empate a la inflación en la nueva paritaria. Así buscaron evitar que los elefantes vuelvan a hacer temblar Neuquén y conjurar los fantasmas de los autoconvocados vitivinícolas, choferes, enfermeras, maestras, tercerizados.

La recuperación de muchas actividades económicas a la salida de la pandemia ayudó a esa política de contención. Millones pudieron volver a sus trabajos, empezando por los informales. La desocupación quedó en 7 puntos.

Junto al operativo alivio, el peronismo en los sindicatos y el poder se jugó a imponer la resignación. La prédica malmenorista se hizo relato oficial. Había que esperar para recuperar lo perdido. La heladera seguiría sin llenarse.

Foto: Mariana Dedelcu
Foto: Mariana Dedelcu

Me hambrean si no trabajo y si trabajo me hambrean

“En Argentina, cada crisis construye la víctima que condensa las consecuencias del nuevo fracaso colectivo. Así como el excluido (después convertido en piquetero) se convirtió en el gran emergente de los años finales de la convertibilidad, el símbolo de una estructura social inéditamente dividida entre un adentro de consumo y globalización, tubos de Pringles y videos de MTV, y un afuera de pura intemperie, hoy el símbolo del declive es sin dudas el trabajador pobre”, dice José Natanson en la última edición de Le Monde Diplomatique, acompañando con cifras esa definición. No habría que otorgar un carácter colectivo a un “fracaso” que debemos cargar a la cuenta de quienes gobernaron. Tampoco sería preciso hablar de fracaso. El empobrecimiento, la fragmentación y la precarización de la clase trabajadora fue un éxito de otra clase que disfruta sus consecuencias.

El dato más brutal de ese robo lo resume un dato que se conoció estos días. Entre 2016 y 2021 creció la parte que se apropian los empresarios de la riqueza producida: los trabajadores perdieron 70.000 millones de dólares. Según el informe del centro de estudios CIFRA, detrás de esa transferencia están la “intensificación del trabajo” y “la precarización”, pero “fue el proceso inflacionario la variable clave para concretar esa redistribución del ingreso en favor del capital”.

Esas historias de sueldos miserables y tres trabajos se amplían hasta formar una radiografía feroz de la Argentina capitalista. La que desnuda que el 26% de las trabajadoras y trabajadores ocupados se encuentra en situación de pobreza. Pero que si enfocamos en quienes laburan “en negro” ese número llega al 44%, lo mismo para quienes son cuentapropistas no profesionales. El estudio marca además una fragmentación creciente: entre 2017 y 2021 la desigualdad entre los trabajadores que mejor y peor ganan aumentó un 30%. Los datos también pertenecen a CIFRA, que integra la CTA alineada con el gobierno. No puede haber animosidad.

Lejos de la promesa de “recuperar lo perdido”, lo que vino después de la pandemia fue la recuprecarización. Así la definió nuestro Observatorio de les trabajadores. Cada vez más trabajadores pobres: porque tienen trabajo pero menos horas de las que necesitan para llegar a fin de mes; porque aunque cumplen jornada completa no les alcanza; porque trabajan con tan pocos derechos y salario que conforman los llamados “informales”.

Uno de los sectores que sintió el golpe fueron quienes hacen funcionar la administración, la salud y la educación pública. El relato del Estado presente se desvanece ante los recibos de sueldo, los contratos basura, el pluriempleo. Según el informe que citamos antes, el salario real del sector público cayó un 23,6% entre 2015 y 2022.

Rebeliones contra el Estado ajustador

Volvamos a las calles. El operativo desde arriba tuvo su eficacia. El malestar no paró de crecer pero fue contenido dentro de los márgenes que podía permitirse un gobierno en crisis. Durante estos meses vimos conflictos, puntuales, pero quienes ganaron protagonismo fueron los sectores más precarios de la clase trabajadora. Esta vez, las organizaciones sociales y sus jornadas contra el hambre, el ajuste de los planes y la criminalización.

Pero los diques de contención se vuelven a resquebrajar. Otra vez empieza por los bordes, las paredes más sensibles.

Mendoza fue uno de los epicentros de un temblor que se viene extendiendo. En una de las provincias que la oposición de derecha ostenta como modelo, las maestras que recién se inician ganan 47 mil pesos, un poco más de lo que les cuesta el alquiler. Cuentan nuestras corresponsales que “el malestar es enorme: enfermeras profesionales con salarios básicos de $40.000 pesos, docentes $47.500 y municipales $21.600. En grupos de WhatsApp y redes sociales circularon sin parar bonos de sueldos millonarios de la casta política”. La rabia que salió de las aulas se hizo una marea en las calles de la capital y el interior, hasta meterse en las casas y negocios. Esa simpatía se convirtió en una medida histórica: miles de familias impulsaron un faltazo para apoyar el reclamo. Los gremios estatales y de la salud se contagiaron la huelga, a pesar de los ataques del gobierno. Esta semana la provincia se volverá a conmover con jornadas de lucha.

Pero la rebelión docente que viene desde “el interior” no ha parado de extenderse en los últimos días. La Santa Fe gobernada por el peronista Perotti rebalsa de silobolsas y contenedores presionando la devaluación, pero los que ya se devaluaron son los bolsillos populares. Por eso más de cinco mil docentes, estatales y médicos se movilizaron reclamando por la apertura de paritarias y denunciando a los gobiernos provincial y nacional. Es cierto que Chubut estuvo en conflicto desde que empezó el año, pero en las últimas semanas la huelga tuvo un fuertísimo acatamiento, más aún con las condenas penales a uno de los dirigentes gremiales. En Santa Cruz la docencia fue al paro a pesar de que el gobierno de Alicia Kirchner amenazó quitarle la personería a su gremio. Podríamos seguir recorriendo el mapa, desde Tierra del Fuego, Río Negro y Neuquén hasta La Rioja, desde ahí cruzando a Corrientes, pero atravesadas por el mismo grito: paro y movilización, basta de salarios de hambre.

En algunos lugares surgen sectores autoconvocados. Es un alerta. A pesar de aquellas políticas estatales y del rol de las cúpulas sindicales, se empieza a colar el descontento. Incluso antes de que terminen de impactar las nuevas medidas de ajuste que anunció Massa. ¿Qué pasará cuando la alta inflación, los tarifazos y la desaceleración de la economía desactiven aquellas políticas de contención? El eco de la palabra “orden” en cada aparición del superministro parece más una expresión de deseo y un chantaje que otra cosa.

La bronca que surge desde abajo obliga a las conducciones alineadas con el Frente de Todos a convocar medidas. El paro nacional que tuvo que convocar CTERA-CTA para este miércoles 10 es una muestra contundente de esa dinámica.

El hecho de que la ola venga desde el interior, en forma masiva en muchos casos, y de parte de las trabajadoras y trabajadores que tienen al Estado como patrón, no es un dato menor. Tampoco el clima de desilusión que sigue creciendo entre muchos que votaron al gobierno nacional.

Es una caja de resonancia de la bronca que muchos mastican por lo bajo.

Foto: Sutna Nacional
Foto: Sutna Nacional

Una nueva etapa

La rebelión docente resume la potencialidad del descontento que se acumula abriendo grietas. Hay otras luchas, todavía parciales, que muestran un cambio de ánimo. La huelga del neumático que venimos reflejando en La Izquierda Diario ya lleva 3 meses tensionando al complejo automotriz, una de las posiciones estratégicas del capitalismo regional. En otros lugares los trabajadores responden con decisión ante los ataques empresarios. Las obreras de Fyrsa (Chubut) tomaron la planta de pescados contra el cierre y las deudas salariales. Varias seccionales rurales de Río Negro tuvieron que ir al paro ante el malestar en fincas y galpones. Los vitivinícolas salteños y mendocinos se vuelven a autoconvocar y protestan frente a la sede del sindicato. Los portuarios de la Terminal 5 de Buenos Aires no aflojan en su defensa de 800 puestos de trabajo. En Rosario los estibadores que llenan los barcos cerealeros hicieron piquetes espontáneos e increparon a la conducción que pacta cuotas de miseria. Los mineros de Cerro Moro (Santa Cruz) paralizaron la salida del oro y la plata que promociona Cristina Kirchner en defensa de sus delegados de base y contra la precarización laboral. En Jujuy volvieron los paros de los autoconvocados de salud y municipales, contra los salarios de 20 y 30 mil pesos. Les pibes de Teleperformance cortaron las calles de la capital tucumana contra los despidos. Residentes de los hospitales bonaerenses marcharon en La Plata, las enfermeras de Clínica Constituyentes en Morón. En Arsat se plantaron ante los despidos. En Córdoba, los obreros de Arcor-Bagley ganaron el primer round contra el intento de flexibilizar el convenio y en la metalúrgica Fumiscor pararon cuatro días por dos despidos. La Unidad Piquetera convoca a una nueva jornada nacional este 10 de agosto.

Es cierto que la clase trabajadora no ha respondido aún a la altura de los ajustes que viene sufriendo. Ya dimos una explicación. Pero hay bronca. Los fenómenos de base que vimos los años anteriores no fueron derrotados y pueden resurgir al calor de los golpes de la crisis. El gobierno, los empresarios, las burocracias sindicales, saben de esa relación de fuerzas. ¿Qué puede pasar si luchas de masas como las de Mendoza, conflictos duros como el neumático o nuevos fenómenos autoconvocados irrumpen en medio de la crisis? ¿No corremos el riesgo de tener el foco puesto en la zona metropolitana y las nuevas oleadas vengan con fuerza desde el interior, cómo pasó en los ’70 y los ’90?

La CGT y la CTA se encolumnaron rápidamente con el nuevo gobierno de Sergio Massa. Pero saben que el horno no está para bollos. La CGT tuvo que repetir la palabra salario en su comunicado de bienvenida y mantiene a regañadientes la marcha para el 17 de agosto. La CTA tuvo que convocar al paro nacional docente.

El PTS y el Movimiento de Agrupaciones Clasistas vienen peleando, junto a sectores combativos, para que la clase trabajadora irrumpa en la agenda política hoy copada por los ajustadores. Apoyando cada conflicto y llamando a coordinar ocupados, desocupados y precarios en las calles, como haremos este 17 de agosto, en una movilización independiente de la CGT que terminará en Plaza de Mayo. Pero también impulsando un Encuentro Nacional que discuta un programa y un plan de lucha, que también habrá que imponerles a los sindicatos y centrales. Allí planteará una serie de medidas que viene difundiendo por cientos de miles en lugares de trabajo. Demandas urgentes que hoy viven en esas luchas, como un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y planes sociales, actualizados por la inflación; trabajo genuino con un plan de obras públicas y la reducción de la jornada laboral a 6 horas sin bajar el salario. Pero también por medidas de fondo para que las trabajadoras y trabajadores tomemos el control, como la ruptura con el FMI y el desconocimiento de la deuda, el monopolio estatal del comercio exterior y la nacionalización del sistema bancario, ambos bajo administración obrera.

Al calor de esta nueva experiencia con un gobierno peronista, se abre una oportunidad para el avance de las agrupaciones clasistas en los gremios y lugares de trabajo, y la pelea por un gran partido socialista de la clase trabajadora.


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Lucho Aguilar

@Lucho_Aguilar2
Nacido en Entre Ríos en 1975. Es periodista. Miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas desde 2001. Editor general de la sección Mundo Obrero de La Izquierda Diario.
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