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Red Internacional

La directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) anunció la desaparición de intermediarios para acceder a las becas que otorga esta institución, sin aclarar la identidad de esos intermediarios ni la razón por la que deben retirarse.

Hace una semana la titular del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, en presencia del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), anunció que en este 2022 quienes estudien un posgrado en instituciones públicas (como privadas) podrán solicitar una beca de forma directa y sin intermediarios. De forma que supuestamente se simplificarán los trámites ante la institución para que los estudiantes puedan hacerlos ellos mismos, lo cual se da en el marco de la desaparición del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) para ser reemplazado por el Sistema Nacional de Posgrados (SNP) junto con los nuevos mecanismos derivados del Reglamento de Becas.

La directora del Conacyt aseguró que seguirá otorgando becas a estudiantes de posgrado de bajos recursos, además aclaró que los 26 Centros Públicos de Investigación coordinados por el Conacyt, seguirán teniendo beca para quienes sean aceptados y cursen estudios de licenciatura, maestría y doctorado.

“Nuevas directrices” de la ciencia y la tecnología

Para aquellos estudiantes que aspiran a una beca podría resultar atractivo poder hacerlo de forma directa, sin embargo, los “intermediarios” a los que hacen referencia los funcionarios de la 4T no son más que las propias universidades, quienes destinan recursos humanos y financieros para cubrir esas funciones. Prescindir de ellos significaría un mayor control por parte del Conacyt hacía la actividad científica, ya que el estudiante va a depender mucho menos de su universidad y mucho más del Consejo.

Ya que las universidades pueden a perder, en parte, el control de esos recursos, así presupuesto que pueden obtener vía el dinero de las becas va a estar mucho más controlado e incluso limitado, dando al Conacyt una mayor capacidad de imponer los temas de investigación. Es decir, los posgrados se verán más presionados para sujetarse a los contenidos que dicte Álvarez-Buylla o cualquier otro funcionario que el Morena ponga en ese cargo.

Y es que el SNP no es muy diferente al extinto PNPC, porque, aunque se supone que este nuevo programa “va a dirigido a solucionar problemáticas sociales”, en realidad no se ha propuesto terminar con los proyectos extractivistas, ni su alianza con las empresas privadas, ni dice explícitamente que la ciencia y la tecnología van a estar al servicio de las mayorías trabajadoras, sino que apela a un humanismo y ecologismo abstracto. Donde la 4T está llevando el presupuesto y la orientación productiva científica hacía las áreas que le parecen prioritarias, como la refinería de Tula, Hidalgo (que para nada es algo ecológico) y que representan sus propios megaproyectos.

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Afianzamiento de su poder

Con estas acciones también se debilita a la oposición en las instituciones de educación superior, pues con el control del presupuesto para la investigación, es posible someter con mayor facilidad a estos sectores afines a los partidos neoliberales, pero sin tocar su legado fundamental que es la precarización laboral y el hecho de que la inversión privada permanezca en este ámbito; tan sólo recordemos las órdenes de aprehensión que se levantaron contra 31 científicos, quienes usaron el Foro Consultivo para embolsarse grandes cantidades de dinero y eran opositores al gobierno de AMLO.

Pero este movimiento no sólo golpea a la derecha y a la élite de las universidades, también va dirigido contra sectores críticos de izquierda dentro de las academias. Una muestra de ello fue lo que sucedió en octubre de 2020, cuando los estudiantes de la maestría en estudios latinoamericanos se movilizaron contra el recorte de becas y denunciaron que Conacyt realizó un proceso opaco para asignar los recursos.

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¿Qué se requiere para hacer cambios reales?

Este nuevo sistema de becas, presentado como una modificación sustancial, mantiene la orientación productiva de la ciencia y la tecnología, que sigue encaminada a beneficiar a una minoría, pero ahora con otros nombres. Continúa existiendo un reducidísimo sector de académicos e investigadores con grandes sueldos, mientras se mantiene a miles de trabajadores precarios (entre ellos profesores de asignatura), quienes a pesar de contribuir a la producción científica no reciben nada o casi nada a cambio. Es necesario transformar eso para que ni los egresados de los posgrados ni el resto de los trabajadores estén en condiciones indefensión de laboral.

Los cambios que se han realizado en el sector científico son meramente cosméticos, más allá del discurso progresista con el que los presenta la 4T, pero ¿Qué se requeriría para hacer que los cambios fueran profundos y no cosméticos? En primer lugar, más y mejores becas, condiciones dignas de trabajo para todos los docentes, investigadores junto con los recién egresados, para que tengan acceso a plazas permanentes y a los Contratos Colectivos de Trabajo (CCT) que eviten la inestabilidad laboral, tras el término de la beca Conacyt.

Lo cual sólo puede venir de la mano de la democratización de las universidades donde las comunidades académicas como son profesores, trabajadores administrativos y manuales, así como estudiantes decidan cómo fortalecer el quehacer científico y no los altos funcionarios sentados en un escritorio, lo que implicaría derribar al poder a las castas doradas académicas, para que la ciencia y la tecnología se pongan al servicio del pueblo trabajador y no sea utilizado para impulsar megaproyectos que sólo benefician a grandes empresarios y una casta de funcionarios.

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