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Red Internacional

Millones de trabajadoras y trabajadores de los sectores estratégicos y esenciales
enfrentan con pocos recursos una amenaza que ha cobrado la vida de muchos y que tiende a crecer.

Jueves 23 de abril de 2020 | 18:40

Reducción de personal permanente y sindicalizado, pérdida de conquistas laborales históricas y disminución de recursos en general, son algunos “frutos” que han dejado décadas de neoliberalismo. Lo cual actúa como un peligroso contexto para millones de trabajadores que continúan activos por ser sus sectores esenciales ante la pandemia, con sobrecargas de trabajo, bajos salarios y prestaciones y falta de materiales y herramientas.

Si bien el sector salud se encuentra en la primera línea de batalla y es el más afectado, con la mayor cantidad de contagios y muertes por COVID-19, el conjunto de los sectores que se mantienen activos por ser considerados esenciales, padecen también de infecciones y bajas entre sus filas. Lo cual, lejos de asumirse como un simple servicio a la “patria”, plantea la necesidad urgente de mejorar las condiciones de seguridad e higiene de los trabajadores para cuidar de sus vidas al máximo y la de sus familias.

Contrario a la posición de patrones y burócratas sindicales, para quienes los trabajadores no son más que simples piezas sustituibles, y que criminalmente los obligan a sacrificarse con muy pocos medios. Poniendo las ganancias de las empresas muy por encima de la salud y bienestar de quienes las hacen funcionar.

Por eso es acuciante que el gobierno y los patrones no solo garanticen la dotación de materiales y herramientas de trabajo, o de insumos para el cuidado y prevención de la salud, sino sobre todo que dupliquen la fuerza de trabajo permanente y sindicalizada de las empresas públicas y privadas de estos sectores, ante el “desastre nacional” que implicará la fase tres del desarrollo de la pandemia.

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Reducción de la jornada, porque nuestras vidas valen más que sus ganancias

Esta tarea solo se comenzará a hacer si imponemos la contratación inmediata y permanente de los trabajadores y las trabajadoras eventuales, subcontratados o tercerizados que ya laboran en estos sectores bajo condiciones de sobreexplotación. Así como de todos los aspirantes a obtener una vacante en estas áreas y que padecen los efectos de la desocupación.

Solo así las cargas y horas de trabajo pueden repartirse entre más manos, al grado de hacer posible una reducción de la jornada laboral, para minimizar la sobreexposición de los trabajadores de estos sectores al coronavirus, sin afectar sus salarios y prestaciones ni la continuidad de los servicios o mercancías considerados esenciales.

Es claro que los patrones y las autoridades intentaran demostrar su “imposibilidad financiera” para sostener un incremento masivo de la fuerza de trabajo y la reducción de la jornada laboral. Argumentarán falsamente que esto solo afectaría la viabilidad de las empresas y las llevaría a la “quiebra”.

Pero lo único que se “afectaría”, de realizarse esta medida, serían las inmensas riquezas privadas que las empresas han acumulado durante décadas de precarización y flexibilización laboral; así como el porcentaje del PIB que el gobierno destina a sectores esenciales como salud, el cual -de un 2,6%- está muy por debajo del 9% propuesto por la OCDE.

Solo la lucha y organización pueden ayudar a la base trabajadora a conquistar medidas que pongan el cuidado de sus vidas por encima de la “sagrada” ganancia capitalista, tal como lo están demostrando en diversos sectores del país y del mundo exigiendo y obligando a sus patrones y burocracias sindicales a acatar sus justas demandas.




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