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Red Internacional

El español mexicano incorpora muchas palabras indígenas en su vocabulario, lo cual lo vuelve una variante particularmente rica. Acá te mostramos algunos indigenismos mexicanos.

Lunes 16 de agosto | 23:58

500 años de dominación española no pasan inadvertidos, así como tampoco pasaron en la península ibérica 700 años de dominación árabe. Varias palabras en los distintos idiomas indígenas de México han dado nombres a sustantivos, verbos y adjetivos. Algunos, paradójicamente, no los usamos, mientras que otros son la norma.

Ciertamente no hay que negar que el discurso del mestizaje ha sido usado para esconder las distintas opresiones y formas de discriminación que han enfrentado las comunidades originarias en el país, en especial el racismo que se mezcla tanto con la explotación capitalista y la estratificación social como en la manera en que se desmanteló el sistema de castas del virreinato.

Eso no quita que haya elementos progresivos para rescatar, entre los cuales está justamente la incorporación de indigenismos en el vocabulario del español mexicano. Las lenguas indígenas son un crisol que tienen diversas estructuras gramaticales y sintácticas, cada una de ellas aportando su propia riqueza e identidad, legando varias al mundo entero.

Los sustantivos son aquellas palabras que nombran cosas. Son las que hablan de la sustancia de lo que se está hablando. Algunas de los sustantivos de palabras indígenas que los pueblos que habitan nuestro país aportaron son:

Aguacate (presuntamente significa testículo), chocolate (agua bebible de color café), zopilote (buitre), tecolote (búho), guajolote (pavo), tiza (yeso, aunque se refiere al gis) que provienen del náhuatl. Del maya provienen las palabras suncho (dulce parecido al malvavisco), chamaco (niño), cachito (pedazo), patatús, cacao, pibil (como en la cochinita, y que significa "asar bajo tierra"), tuch (ombligo), xix (migajas), cenote.

El purépecha, lengua de la región de Michoacán, legó las palabras "cacarizo" (significa "variado" o "muchas" y se usa en referencia a las cicatrices dejadas por la varicela), chocho (langosta), chacuaco (chimenea, en México se suele usar para referirse a los conductos de los calentadores de gas), huarache (sandalia), timbiriche (racimo, y es la multiplicidad de "cuadros" las que dieron origen al juego homónimo —ya que el que tenga más cuadrados, gana— que es de donde la banda de pop mexicano, a su vez, tomó su nombre).

Adjetivos, por ejemplo, destacan zatz (suave), xux (atento), del maya; del náhuatl la combinación "diz que" (supuestamente) y cuate (amigo). Verbos como apapachar, petatear (de "petate", una alfombra para dormir, usada para referirse al acto de morir) y pepenar (recoger, en México referido a los recolectores de basura, llamados "pepenadores").

México reconoce 68 lenguas indígenas, muchas de las cuales están en peligro de desaparecer. Los hablantes son forzados muchas veces a ser incluso trilingües, al hablar su idioma materno, el español y el inglés debido a las reformas estructurales neoliberales, las cuales consideran dichas lenguas como poco productivas.

Asimismo, el ataque de los gobiernos capitalistas, desde el ultraderechista PAN, pasando por el PRI e incluso la 4T de López Obrador, todos hacia las normales rurales (que recientemente vieron su presupuesto recortado) pone en peligro aún más a estas comunidades, pues el normalismo ha sido uno de los sectores que más ha defendido la educación pública y el uso de las lenguas originarias para enseñar en sus comunidades.

Incluso en la Ciudad de México, debido a la migración de diversas familias del campo a la mancha urbana, se tiene registro del habla de varias lenguas indígenas en la capital. Según datos del gobierno de la ciudad, el náhuatl es el más hablado en un 30%, el mixteco con el 12.3%; el otomí en 10. 6%, mazateco en 8.6%; el zapoteco en 8.2% y el mazahua con 6.4%.




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