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Red Internacional

El joven de 17 años, víctima del gatillo fácil, fue asesinado de un balazo por policías de la Ciudad en noviembre del año pasado, en el barrio porteño de Barracas.

Viernes 27 de mayo | Edición del día

Paula Verónica González, la jueza que atiende la causa, elevó a juicio oral la investigación por el crimen de Lucas González donde están imputados los asesinos: el inspector Gabriel Alejandro Issasi, el oficial mayor Fabián Andrés López y el oficial Juan José Nieva.

Los tres pertenecen a la División Brigadas y Sumarios de la Comuna 4 de la Policía de la Ciudad y enfrentarán el juicio por "homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía, por placer, por odio racial, por el concurso premeditado de dos o más personas y por cometerse abusando de su función o cargo por un miembro de una fuerza policial".

Además son acusados por "tres tentativas de homicidio agravado por las mismas causales; falsedad ideológica y privación ilegal de la libertad agravada por abuso funcional y sin previsión de la ley".

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En la causa, que recordemos tiene 14 efectivos policiales imputados, en una impune red de complicidad y encubrimiento, figuran cinco comisarios de la Ciudad: comisario inspector del Departamento Comunal Vecinal 4 Daniel Alberto Santana; el comisario de la Comuna Vecinal 4A, Rodolfo Alejandro Ozán; el comisario de la Comisaría Vecinal 4D, Fabián Alberto Du Santos; el comisario de la División Sumarios y Brigadas de la Comuna 4, Juan Horacio Romero y el comisario de la Comuna 4D, Ramón Jesús Chocobar.

Además, están el principal de la Comuna 4D, Héctor Claudio Cuevas; los oficiales de la Comisaría Vecinal 4D, Sebastián Jorge Baidón, Jonathan Alexis Martínez, Ángel Dario Arévalos y Daniel Rubén Espinosa; y el subcomisario de la División Sumarios y Brigadas de la Comisaría Vecinal, Roberto Orlando Inca.

Todos ellos como autores de "falsedad ideológica, privación ilegal de la libertad agravada por abuso funcional y sin previsión de la ley, encubrimiento agravado por la condición de funcionarios públicos y por ser el delito precedente especialmente grave e imposición de torturas".

El principal Cueva y el subcomisario Inca, también fueron imputados por "falso testimonio agravado por haber sido cometido en una causa penal y en perjuicio de los imputados".

La jueza González no descartó que mediante la investigación se develen más efectivos involucrados en el asesinato, nuevo caso de gatillo fácil, que comenzó a cuestionar el entramado de impunidad con la movilización social.

Más allá de dejar en claro que la Fiscalía podrá continuar en este mismo legajo con la investigación tendiente a dilucidar la intervención de otros eventuales partícipes, corresponde declarar la clausura de la instrucción y elevar la causa digitalmente al Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional que resulte sorteado”, sostuvo en la resolución.

El asesinato de Lucas, otro caso de gatillo fácil

Lucas salía de un entrenamiento en el club Barracas Central junto a tres amigos. A pocas cuadras fueron interceptados por un auto Nissan Tiida blanco, que no tenía ninguna identificación policial. Del vehículo bajaron tres hombres de civil desenfundando armas de fuego. Los chicos creyendo ser víctimas de un robo, intentaron escapar eludiendo el bloqueo, y fue en ese momento donde los policías comenzaron a dispararles.

Lejos de asistir a Lucas, que estaba gravemente herido de bala, los policias de civil detuvieron ilegalmente a los jóvenes. Luego, en abierta complicidad, el juez Alejandro Cilleruelo, titular del Juzgado de Menores 4, ordenó la detención de los cuatro jóvenes atacados. A los tres que resultaron ilesos se los trasladó en calidad de detenidos al Instituto Incháusti, donde quedaron retenidos hasta la mañana siguiente. Lucas fue llevado al Hospital Penna bajo custodia policial, para ser trasladado horas después al Hospital El Cruce de Florencio Varela, por la gravedad de las heridas, donde lamentablemente falleció.

Allí continuaron las movilizaciones repudiando el brutal hecho y exigiendo justicia, única manera de evitar que el caso quede impune, como suele suceder con el accionar de las fuerzas represivas en los barrios humildes.

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