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Red Internacional

Opinión. Futbol, violencia y ganancia

El 5 de marzo, cuando se disputaba el partido de la liga mexicana entre el Querétaro y el Atlas, se desató la violencia entre miembros de las porras de los equipos, dejando un número aún no determinado de muertos y heridos. Esta situación no es un hecho aislado, sino que se encuadra en un contexto estructural de violencia y precariedad en todo el país.

Lunes 7 de marzo | 19:39

En los últimos años la violencia en sus diferentes dimensiones se ha agudizado en todos los aspectos de la sociedad mexicana. Los asesinatos contra periodistas y defensores de la naturaleza, la homofobia, la misoginia, el despojo del territorio contra comunidades indígenas y campesinas, la discriminación que sufren los migrantes, la violencia del narco, etc., son hechos presentes desde hace años pero que han adquirido proporciones espeluznantes.

¿Cómo fue que llegamos a este escenario? Primero tenemos que comprender que en México la pobreza, la marginación y la precariedad han sido consecuencia de la política de los gobiernos federales de las últimas décadas, tanto del PRI como del PAN, situación que no se ha revertido en el gobierno de Morena, cuyas políticas de asistencia social e incluso de aumento salarial resultan insificientes, pues están por detrás de las necesidades de las grandes mayorías.

Cuando las políticas económicas neoliberales entraron de lleno en la década de 1980, la pobreza pegó un salto, destruyendo muchos de los vínculos sociales de las comunidades, mientras que las organizaciones sindicales, debilitadas y con direcciones subordinadas o sin una perspectiva independiente, no pudieron actuar como contratendencia.

Esto abrió el camino para impregnar a la mayoría de la sociedad una ideología hiper-individualista, en donde la meta máxima de la vida es el dinero. Lo que ha generado una rápida descomposición social, sumado a la falta de alternativas laborales y de una vida digna. Un caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de actitudes delincuenciales y lúmpenes.

La formación de porras estudiantiles se propagó inicalmente alrededor de los equipos universitarios de futbol americano. Su carácter juvenil y entusiasta se compaginaba con el de las porras de los equipos de futbol de entonces. pero las primeras, cayeron en la esfera de organizaciones y funcionarios de orientación ultraderechista, que reflejaban los intentos de la iglesia de influenciar a la juventud estudiantil, práctica que cesó posteriormente al 68, cuya movilización hizo desparecer al MURO y otros gruos afines. Sin embargo esta tarea la asumieron funcionarios designados por las direciones, ya sea en en la UNAM, POLI, UAG, UdeG, UANL,etc., fomentando el porrismo como una herramienta para controlar a los estudiantes.

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En relación con lo anterior, y como es bien sabido, los empresarios dedicados al principal deporte de masas de nuestro país, han fomentado la organización y consolidación de grupos de choque entre las porras de los equipos de futbol, importando de sudamérica, no solo el concepto sino también a una pleyade de animadores para consolidar en México lo que hoy conocemos como "barras" o "barras bravas", un paso superior en enajenación y violencia que lo popularmente se conoce como “porrismo”.

Estos grupos, que en sus países de origen son fomentados con el objetivo de enfrentar a la disidencia de izquierda en los sindicatos, y para desalojar y enfrentar marchas de protesta y huelgas, hoy, en los tiempos que corren comienzan a configurarse, actuando a veces con características similares a las de un grupo paramilitar, como grupos violentos en los estadios y no puede descartarse que incluso lleguen a vincularse con el narco, pues sus integrantes son un blanco idóneo para quienes al trasiego de drogas estupefacientes. Tener presentes todos estos elementos es indispensable para poder explicarse la violenta explosión que se da en algunos partidos de futbol.

El futbol como expresión de la sociedad

El futbol, al ser parte integrante de la sociedad, expresa lo mejor del pueblo –solidaridad, pasión- y es una alternativa de masas para el esparcimiento y el ocio, pero también refleja la penetración, con el paso de los años, de lo peor de la sociedad capitalista, en la que el lucro es el único objetivo. La concentración económica que se da en distintos ámbitos de la sociedad también le llega al futbol, y eso determina que algunos equipos llegan a ser inmensamente ricos, los más con profundas sospechas de estar ligados a negocios ilícitos como el lavado del dinero y el abuso y explotación exacerbada de los jóvenes que se inician en la práctica de este deporte. Las barras no son ajenas a esta dinámica, por el contrario, se han convertido en actores importantes donde sus dirigentes, en colusión con las directivas empresariales de los equipos, están en permanente búsqueda del beneficio, dejando al deporte en segundo plano.

El 5 de marzo del año en curso se desarrolló el partido correspondiente a la fecha 9 de la liga mexicana de futbol, entre el Querétaro y el Atlas. Exactamente al minuto 60, y como quedó constatado por las cámaras de televisión y celulares de aficionados, la violencia estalló. Dramático fue observar a una madre y a un padre correr con sus hijos de la mano para resguardarse de los ataques.

Según los primeros reportes de diversos medios de comunicación, se contaban al menos 17 muertos y una cantidad indeterminada de heridos. Inmediatamente las autoridades estatales, así como los altos jerarcas del balompié, se apresuraron a asegurar que no había muertos, con el fin de minimizar la tragedia y el escándalo que significa tan lamentable acontecimiento. No obstante, según testimonios de diversos aficionados que estuvieron presentes, sí hubo personas fallecidas, lo que desmiente a las autoridades. También se denuncia que la policía no detuvo las agresiones, sino que abrió las puertas que separaban a las aficiones de cada equipo, lo que facilitó el ataque.

Que la policía no interviniera demuestra que la fuerza pública está para reprimir la protesta social, pero no para cuidar a la población. Por esto mismo, es importante no caer en la trampa de exigir mayor presencia policial, pues ésta es parte del problema que podría llevar a nuevos abusos contra asistentes a los estadios. Es más, según información de varios testigos, la policía parece que actuó en complicidad con los atacantes, lo que puede indicar la colusión con los grupos de choque.

Mikel Arriola, presidente de la Federación Mexicana de Futbol, declaró que se reunió con funcionarios y con altos mandos del futbol para acordar, según él, castigos ejemplares al equipo de Querétaro. Sin embargo y en contra de las evidencias, mencionó que no hubo muertos y dijo que fue a visitar a los lesionados al hospital. Estas declaraciones lo que buscan es mantener el negocio del futbol intacto, con miras a evitar que México quede fuera del Mundal Qatar 2022, así como hacia el Mundial a celebrarse en México, Estados Unidos y Canadá en el 2026.

Por último, mientras la mayoría de la población tiene, en los hechos, vetado o restringido el derecho al ocio y al deporte, las elites ven al futbol (como al resto de las actividades deportivas) como un medio para obtener fabulosas ganancias. Por ende, ninguna medida tomada desde las cúpulas deportivas solucionará el problema de fondo, porque para dar una salida se requiere poner en el centro el derecho del pueblo trabajador al deporte y no, como es actualmente, los beneficios de los grandes empresarios. Lo anterior, como parte de la necesaria lucha de los explotados y oprimidos por acabar con las causas de la descomposición social, la violencia y los grupos de choque que atacan la inconformidad social.

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