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Red Internacional

El trabajo cultural es usado con fines electorales dejando de lado las necesidades de las comunidades.

Miércoles 18 de mayo | 14:29

El miércoles 11 de mayo se reportó la muerte de Gregorio Rocha Valverde, cineasta de 64 años que perdió la vida a causa de un accidente automovilístico, al ser arrollado en su motocicleta por un auto que manejaba a exceso de velocidad. El cineasta había ganado premios en el Festival Internacional de Cortometrajes de Ficción entre otros. Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue reconocido por el filme Los rollos perdidos de Pancho Villa. Además de la tragedia que implica perder así a una personalidad del sector cultural, resaltó que el cineasta había fallecido mientras trabajaba como repartido de Rappi, un servicio de entrega de comida a domicilio.

En redes sociales se denunció las condiciones en las que sobreviven las y los artistas ante la falta de trabajo y apoyos por parte del gobierno. Un par de días después la familia de Rocha Valverde anunció que el cineasta no pertenecía a la empresa Rappi ni a ningún servicio de repartidores.

Lo interesante es que, al surgir la noticia del trabajo del cineasta, nadie puso en duda que laborara como repartidor, ya que es común que ante la precarización del sector cultural las y los artistas se vean obligados a mantener trabajos que no tienen nada que ver con lo que estudian. Hubo mucha indignación sobre la manera en que falleció y también se puso sobre la mesa la precarización de los repartidores de aplicaciones.

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Trampolín electoral

Durante los primeros años de la pandemia, cuando se implementaron las restricciones debido al COVID-19, uno de los sectores más olvidados fue precisamente el sector cultural, pues si bien ya se enfrentaba a la precarización sistemática, el cerrarse todos los espacios en los que se podía desarrollar aumentó aún más su complicado estado. Inevitablemente tuvieron que volcarse a otra clase de trabajos para subsistir. Por ello a nadie le sorprendería que, en efecto, un cineasta ganador de premios en festivales se viera obligado a sobrevivir trabajando como repartidor.

En medio de este complejo escenario, el gobierno de la CDMX, de la voz de Claudia Sheinbaum, se jactó del proyecto Puntos de Innovación, Libertad, Artes y Saberes (PILARES) como esos espacios en los que la población podía realizar actividades culturales y educativas de manera gratuita.

Si bien esto podría parecer como una apuesta prometedora en cuestión de avance en materia de derechos culturales, algo que la jefa de gobierno evita decir es que muchos de los PILARES están construidos sobre la base de usurpar el trabajo de cultura popular que habían realizado diferentes comunidades. Avanzando de esa manera en el desmantelamiento de estos espacios que de manera autónoma se habían gestionado por muchos años, como es el caso de “La Escuelita Emiliano Zapata” en Santo Domingo. Al poner centros PILARES en lugares donde ya existían procesos culturales comunitarios y populares, lejos de garantizar el acceso a la cultura, lo que se logra es la apropiación de estos procesos. Las autoridades se cuelgan la medalla de un trabajo que no hicieron y al que le dieron la espalda sistemáticamente priorizando los grandes eventos y espectáculos privados a los que pocas personas tiene acceso por sus altos costos. A la par que sostienen estos espacios con trabajadores precarizados, a los que se les niegan cosas tan básicas como el reconocimiento de la relación laboral.

Uno de los grandes discursos de la 4T ha sido la preocupación por la recuperación del acceso a la cultura como elemento para combatir diferentes problemas sociales. La implementación de los programas de Cultura Comunitaria (que provienen directamente de la administración de Sheinbaum en Tlalpan) se presentó como una manera de abrir fuentes de empleo para un sector que siempre tuvo poco espacio en el sector estatal. Pero la realidad es muy diferente, pues los verdaderos propósitos de los programas de Cultura Comunitaria y PILARES es servir como trampolín político de la jefa de gobierno intentando “ganarse” al sector cultural, mientras a la par avanza sobre el tipo de cultura que se le ofrece a la población, con mínimos recursos y mano de obra barata.

Ante esto, todos aquellos que nos dedicamos al sector cultural no podemos quedarnos de brazos cruzados, pues no está de por medio solamente nuestro derecho a condiciones laborales justas, sino la dignificación del trabajo cultural en el país y el acceso a la cultura para toda la población. Y la única manera de hacerle frente a esto es organizándonos.

Hacemos un llamado a todos los trabajadores de cultura, a los sindicatos que se reivindican democráticos y a todos los trabajadores y organizaciones a favor de conseguir plenos derechos laborales, a la tercera Asamblea de Trabajadoras y Trabajadores en Lucha el próximo sábado 21 de mayo a las 15:00 horas, por medio de la plataforma Zoom: 836 1479 1792, para poder crear un frente que le arranque plenos derechos laborales a las autoridades.




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