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Red Internacional

La semana pasada se llevó a cabo el tercer informe de gobierno del presidente López Obrador. Promesas incumplidas, una revalorización al magisterio que sigue sin llegar y el respaldo de los charros del SNTE en la plancha del zócalo.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Jueves 9 de diciembre de 2021 | 00:08

En materia educativa, López Obrador destacó en primer lugar la afectación de la pandemia a educación presencial y ensalzó la decisión del regreso a clases presenciales. Planteó que 23.5 millones de estudiantes de nivel básico volvieron a la presencialidad en este ciclo escolar “con el apoyo de sus maestros”.

Lo que no dice, es que el regreso a clases no implicó únicamente el esfuerzo de un millón y medio de maestras y maestros a quienes ni siquiera se nos consultó dicho regreso, sino que, además, junto a padres y madres de familia se nos impuso poner de nuestros propios bolsillos los recursos necesarios para poder volver de forma más o menos segura. El gobierno de AMLO no garantizó ningún tipo de insumo, ningún arreglo y ni siquiera resolvió las carencias en infraestructura y servicios que tienen miles de escuelas.

Tampoco mencionó que esos miles de alumnos que han vuelto a clases presenciales lo hacen de forma insegura, pues las niñas, niños y adolescentes, continúan sin estar vacunados -lo mismo que miles de maestros y maestras que seguimos sin recibir el refuerzo necesario para estar protegidos- lo que los pone un riesgo enorme frente a las nuevas variantes y el anuncio de la cuarta ola de contagios por Covid-19.

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Posteriormente, habló del programa “La escuela es nuestra”, mediante el cual se otorgaron de manera directa a la sociedad de madres y padres de familia de 60 mil escuelas, recursos para el mantenimiento de los planteles. Si bien, estos recursos son necesarios, no se otorgaron por igual a las 198 mil 348 instituciones educativas públicas del país, y a las escuelas que fueron beneficiadas, ni siquiera se les asignaron recursos suficientes para resolver los problemas graves de infraestructura en los planteles -provocados incluso por el sismo de 2017-, como tampoco lo necesario para el mantenimiento que requieren de forma cotidiana todos los planteles.

Pero, un punto que tampoco estuvo en el informe presidencial, fue la aclaración de que, el programa “La escuela es nuestra”, está ligado a la ampliación de las jornadas escolares que en poco ha beneficiado al alumnado -que ya tiene jornadas de hasta 9 horas- en su aprendizaje.

Abrogación de la reforma y revalorización del magisterio, promesas incumplidas

En su discurso, López Obrador planteó que su gobierno canceló la reforma educativa que se quiso imponer sin acuerdo de las y los maestros y dijo que “ha tratado con respeto a los educadores y así han evitado conflictos”.

Tal como lo planteamos aquí, las y los maestros, que también fuimos convidados de piedra en la formulación de la reforma educativa de AMLO, sabemos que ésta conservó en su esencia gran parte de la reforma peñista, estipulamos que más de un 90% de ella. Únicamente se eliminó el examen de permanencia, pero mantuvo el ingreso y promoción de los maestros sobre la base de la evaluación docente y bajo criterios empresariales. Asimismo, no hubo ningún cambio en los planes y programas, y hasta la fecha continúan aplicándose los del Nuevo Modelo Educativo de Nuño.

Asimismo, la esperada revalorización del magisterio sigue sin llegar. Se mantuvo, y reforzó, la misma estructura burocrática y autoritaria en las escuelas, las amenazas, intimidaciones y oídos sordos frente las demandas de las y los docentes siguen siendo el pan de cada día. No se ha generado ningún mecanismo para que las y los maestros participen en la toma de decisiones y ni siquiera para ser escuchados.

Al principio del sexenio, AMLO prometió escuchar a las y los maestros y abrió las puertas a la CNTE en 18 mesas de diálogo cuyo resultado fue prácticamente nulo.

Como planteamos acá, las mesas de diálogo que ofreció el gobierno, pasivizaron a la Coordinadora y hasta ahora, desafortunadamente no ha planteado un plan de lucha unificado que pueda revertir los golpes que se vienen atestando contra la educación publica y el magisterio, como lo fue el regreso inseguro a clases presenciales. Ahora, el gobierno se ha negado rotundamente a establecer nuevamente el diálogo con los maestros de la CNTE privilegiando la interlocución con el SNTE que ha declarado ser su ejército ideológico y que, fiel a sus principios de subordinación a los gobiernos en turno, ha estado de su lado en todo momento, incluso en la plancha del zócalo donde acarreó a cientos de maestros.

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La precarización docente, la gran ausente del informe

No es un secreto que los maestros cada vez padecemos mayor precariedad, la cual se traduce en bajos salarios, inestabilidad en el empleo, jornadas laborales extendidas y pérdida de derechos laborales. Pero a éstas se sumó escandalosamente en la 4T, la flexibilización laboral que responde a nuevas formas de contratación, con menores -o nulas- prestaciones, inestabilidad y pérdida de derechos laborales.
Muchos docentes de educación básica ya no son considerados trabajadores, sino beneficiarios de programas sociales, como es el caso de los maestros de inglés del programa PRONI. Lo mismo sucede con docentes de educación superior como los de las Universidades del Bienestar, por dar solo un ejemplo.

Con el regreso a la presencialidad tuvimos que pagar de nuestros, de por sí raquíticos, salarios los insumos necesarios para poder cumplir la imposición dado que a las escuelas no se les dotó de lo necesario para un regreso seguro.
Con la imposición de la promoción horizontal y vertical del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros se precariza aun más nuestra labor, pues, para obtener aumentos salariales, más o menos sustanciales -tomando en cuenta que los aumentos de los últimos años no han pasado del 3 %- debemos someternos a la evaluación docente y a un sistema de capacitación que, no tiene nada que ver con la labor que realizamos día a día en el aula, y sumado a ello, debe garantizarse fuera de nuestra jornada laboral obligándonos a trabajar más tiempo por el mismo salario.

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Luchemos por una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo

La educación no va viento en popa como pretenden hacernos creer. Las y los maestros enfrentamos un ataque a la educación pública que cada día se hace más evidente. No solo en educación básica sino en todos los niveles educativos. La precarización se está convirtiendo en nuestro pan de cada día en detrimento de la educación pública.

Para enfrentarla necesitamos unirnos con las y los trabajadores de todos los niveles educativos en primer lugar y con el conjunto de los trabajadores. Como planteamos aquí, debemos democratizar nuestro sindicato y ponerlo al servicio de luchar por la educación pública y nuestros derechos laborales. Para ello, la CNTE debe llamar a todo el magisterio nacional de los distintos niveles educativos a organizarnos, unirnos y movilizarnos para generar un plan de lucha unificado con el que podamos enfrentar el ataque.

Nada podemos seguir esperando del gobierno de la 4T que a tres años nos ha demostrado seguir profundizando los planes de los organismos financieros internacionales y los grandes empresarios a nivel internacional en materia educativa.

La defensa de nuestros derechos es también la defensa de la educación pública.




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