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Red Internacional

El peligro que representa el surgimiento de nuevas variantes del COVID-19 que neutralicen o disminuyan la efectividad de las vacunas fue alertado desde el inicio de la pandemia por diversos científicos, sin embargo, las transnacionales y sus gobiernos han hecho oídos sordos al respecto.

Lunes 27 de junio | 19:21

Desde finales de 2021 y la primera mitad del 2022, la variante Ómicron BA.2 del COVID se volvió dominante en buena parte del mundo. Su mayor tasa de transmisibilidad fue determinante para que desplazara a otras versiones del virus. Sin embargo, distintos investigadores han alertado el surgimiento de nuevos subtipos que pueden ser más peligrosas, tanto por la facilidad con la que se transmiten como por su virulencia. Es el caso de BA.4 y BA.5.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) alertaron que actualmente, BA.4 y BA.5 son responsables de aproximadamente el 20 % del total de infecciones nuevas, en comparación de hace dos semanas que representaban el 10 % del total. En este contexto, investigadores chinos señalan que las nuevas variantes podrían volver ineficaces las vacunas basadas en el subtipo BA.1 de Ómicron.

Según el estudio que será publicado en la revista Nature, indicaron que “debemos destacar que BA.2.12.1 y BA.4/BA.5 muestran una capacidad mucho mayor que BA.2 para evadir la neutralización plasmática que confieren las tres dosis de vacuna… Lo más sorprendente es que también son resistentes a la inmunidad adquirida mediante una infección BA.1 ocurrida después de la vacunación”.

¿Era posible detener la aparición de nuevas variantes?

Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, uno de los grandes reclamos para enfrentar la situación fue la exigencia de liberar las patentes de todos los medicamentos e investigaciones referentes a la enfermedad. Esto a grandes rasgos significa que cualquier país pudiera fabricar las vacunas e hiciera uso del conocimiento científico sin necesidad de pagar por ello a las grandes empresas farmacéuticas.

No obstante, las trasnacionales, junto a sus gobiernos, se negaron obstinadamente a esta propuesta y privilegiaron los contratos millonarios con los países para obtener fabulosas ganancias no importante que millones de seres humanos estuvieran enfermando y muriendo por la infección. Ejemplos dramáticos sobran, sobre todo entre las naciones más pobres, pues la mayoría de la población de estos países no se encuentran inmunizada. En contraste, tenemos a los países ricos e imperialistas que acapararon las vacunas. Este desequilibrio pone en riesgo a toda la humanidad, pero para los grandes capitalistas parece no importar.

Esta situación trajo consigo otras consecuencias a mediano plazo. Recordemos que científicos de todo el mundo advirtieron que si no se vacunaba a la mayoría de la población, se corría el riesgo de que surgieran nuevas variantes que bajaran la efectividad de los bilógicos o de plano las volvieran ineficaces. Estos llamados fueron ignorados y ha generado esté nuevo peligro que ya explicamos en la nota.

En respuesta a la pregunta, sí era posible evitar la aparición de nuevas sepas que sean más peligrosas, la cuestión es que la ganancia se sigue poniendo por encima del bienestar de la mayoría.




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