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Red Internacional

Entre la marea verde que recorrió las calles desde el norte hasta el sur del país el pasado 8 de marzo, miles de trabajadoras sindicalizadas y no sindicalizadas, tomamos las calles para denunciar que los despidos, recortes y precarización también son violencia.

Jueves 24 de marzo | 00:31

Luego de la gran jornada nacional del pasado 8 de marzo, la lucha del movimiento de mujeres continúa. La violencia feminicida y las desapariciones forzadas de niñas y mujeres, son sólo la punta del iceberg en una larga cadera de violencias estructurales. Antes del feminicidio está la violencia contra mujeres, niñas y niños secuestrados para las redes de trata y explotación sexual; el despojo de territorios y la devastación ambiental para mujeres, pueblos originarios y comunidades; el asesinato y violencia hacia periodistas y trabajadoras de prensa; la criminalización y represión contra las mujeres y personas LGBTIQ+ migrantes; violencia obstétrica y en los recortes a los servicios de salud sexual y reproductiva; el acoso en las escuelas y universidades; la violencia física y económica en los hogares; y también, el silencioso avance de la precarización y explotación laboral en donde las mujeres seguimos ocupando más del 70% de esos puestos.

La precarización laboral tiene rostro de mujer

Luego de décadas de políticas neoliberales iniciadas con el Tratado de Libre Comercio entre México, EEUU y Canadá (TLCAN), continuadas ahora con el T-MEC, las mujeres seguimos participando masivamente en la fuerza laboral de las industrias, el campo y los servicios. Sin embargo, la mayoría lo hacemos de manera precarizada y sin derechos sociales, sindicales y laborales, cargando aún con la principal responsabilidad del trabajo doméstico no pagado en los hogares, así como el cuidado de las niñas y niños, enfermos y ancianos.

Las mujeres trabajadoras ganamos el 27% menos de los salarios con respecto a nuestros compañeros trabajadores, según datos de PwC México. Toda esta situación se agudizó con la crisis económica y sanitaria, golpeando duramente nuestras las condiciones de vida hasta el punto que, más de 2.4 millones millones de mujeres fueron despedidas tras el inicio del confinamiento y la tasa de informalidad laboral aumentó hasta el 56.7% en el primer trimestre de 2020, según cifras del INEGI.

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Somos esenciales

La pandemia demostró que el trabajo de las mujeres tanto en las labores de cuidados en los hogares, así como en el sector salud, la educación y las industrias, es esencial para el funcionamiento de la economía y la sociedad. A pesar de esto, muchas de nosotras nunca hemos tenido un contrato colectivo o sido parte de un sindicato que defienda nuestros derechos como mujeres y como trabajadoras.

Por el contrario, la gran mayoría trabajamos sin seguridad social ni derechos laborales, tampoco contamos con derecho a guarderías o comedores comunitarios y cuando hay despidos o recortes de salario, somos las primeras afectadas.

Esto es posible gracias a que la precarización es la política laboral oficial de los empresarios y gobiernos. Así lo garantizaron los gobiernos del PRI y el PAN en años anteriores, y lo continúan ahora el Morena y la 4T mediante políticas públicas y leyes laborales antiobreras y cuyas principales afectadas seguimos siendo las mujeres pobres y trabajadoras. Todos estos ataques a nuestros derechos y de las nuevas generaciones, no hubieran sido posibles sin la pasividad y complicidad de las direcciones de los sindicatos, que mantienen pactos patriarcales con los empresarios y gobiernos en turno, a cambio de mantener sus privilegios.

Trabajadoras y sindicalizadas en el movimiento feminista

El movimiento feminista está integrado por mujeres de diferentes clases sociales, y hacia el interior hay también una gran diversidad de ideas y estrategias políticas que también se hicieron presentes en las asambleas feministas, que se reactivaron al calor del 8 de marzo en todo el país. En estos espacios se manifiestan aun discretamente, la participación de trabajadoras (maestras, enfermeras, trabajadoras estatales, del sector privado, comercio, aeropuertos, logística, industria, etc.). Algunas marcharon desde sus organizaciones sindicales y/o políticas, mientras que la gran mayoría lo hizo a título individual y sin expresar aún todo el potencial de las mujeres en la clase trabajadora a la que pertenecemos.

En el caso de la Coordinación 8 de marzo en la CDMX, hay una importante participación de mujeres organizadas en sindicatos educativos, de servicios y otras ramas de la economía, congregados en dos de las centrales sindicales más importantes del país: la Nueva Central de Trabajadoras (NCT) encabezada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME, y la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) conformado por el Sindicato de Telefonistas (STRM), el STUNAM y más de 100 sindicatos de todo el país.

La Coordinación 8M es una muestra del gran potencial que tiene por delante el movimiento de mujeres en México luego de la jornada de lucha en el Día Internacional de las Mujeres. Este espacio compuesto por organizaciones feministas, sindicales, populares, artísticas, políticas y culturales se ha caracterizado desde hace más de siete años, por mantener una política independiente, tanto del gobierno de la 4T como de los partidos de la derecha, que oportunistamente buscan montarse en la lucha de las mujeres y convertir nuestras demandas en un botín electoral.

Desde este espacio hemos organizado movilizaciones con la participación de más de 200 mil mujeres en la capital política y económica del país, marchas multitudinarias como la de hace dos años previo al inicio de la pandemia, entre muchas otras acciones. Sin embargo, todavía no conquistamos que a la fuerza del movimiento de mujeres se le sumen por miles y en todo el país, los batallones de electricistas, telefonistas y trabajadores sindicalizados de la NCT y la UNT, así como maestras y maestros disidentes de la CNTE y mineros en huelga junto a sus compañeras de lucha dirigidos por el Sindicato Minero y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT).

Desde la agrupación Pan y Rosas, consideramos que esa es la fuerza social necesaria para enfrentar la violencia y precarización que vivimos millones y la que necesitamos urgentemente hacer real para conquistar las demandas democráticas aún pendientes, como la legalización del aborto, la lucha por educación sexual integral, contra la precarización laboral, por el triunfo de las luchas obreras como las de trabajadores de la Secretaría de Cultura en la CDMX, periodistas en huelga del Sutnotimex, obreras y obreros de General Motors, mineros en huelga contra Grupo México, etc.

Necesitamos profundizar el desarrollo de asambleas democráticas en todo el país, así como espacios de coordinación nacional y de discusión política que aglutinen a más y más mujeres, sindicalizadas y no sindicalizadas, estudiantes y trabajadoras, nativas y extranjeras, mujeres y disidencias LGBTIQ+, uniendo la lucha feminista a la de otros movimientos sociales como el ambientalista, estudiantil, migrantes, campesinos y principalmente, al movimiento obrero del cual las mujeres somos parte.

Manteniendo la independencia política del movimiento y apostándole a la masividad y la lucha en las calles para arrancar nuestros derechos es cómo podemos conseguir todas nuestras demandas. Todavía hay mucho por lo que conquistar, por eso invitamos a todas las organizaciones feministas, sindicales, políticas, populares, de derechos humanos, artísticas y culturales a ser parte de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto en todo el país y por el derecho a decidir para todas, todos y todes.

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