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Red Internacional

La mayoría de las mujeres trabajadoras son precarias; no están sindicalizadas y cuentan con las peores condiciones laborales. La minoría sindicalizada, padecemos la falta de representación y defensa de nuestros derechos como trabajadoras y como mujeres.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Jueves 7 de abril | 11:25

En México, las mujeres somos el 40% de la población económicamente activa. Del total de las mujeres ocupadas -sin contar con el trabajo no remunerado de limpieza y cuidados-, el 66.9% somos trabajadoras asalariadas, 23.1% trabajan por cuenta propia, 5.7% son trabajadoras sin pago, el 2.7% son empleadoras, y 1.6% son trabajadoras subordinadas que reciben percepciones no salariales.

Dentro del universo de las trabajadoras asalariadas, el 71% de las mujeres reciben ingresos menores a 5 salarios mínimos. Solamente el 2% de las mujeres trabajadoras reciben ingresos superiores a los 21,255 pesos mensuales, mientras que el 40 % gana menos de 4,252 pesos al mes.

El 44.7% de estas mismas trabajadoras asalariadas, no cuenta con acceso a servicios de salud, más de la tercera parte (35.2%) no cuenta con prestaciones y 44.1% trabaja sin tener un contrato escrito.

La tasa de sindicalización en el país viene a la baja desde hace varias décadas, pasó de 14.5 por ciento en 2010 a 12.4 por ciento en 2020. Este dato no es menor, pues las y los trabajadores sindicalizados perciben mejores salarios, tienen acceso a prestaciones como servicios de salud y un contrato con mayores beneficios laborales.

En México, estar sindicalizadx o no, es un factor importante para que las y los trabajadores puedan mejorar sus condiciones laborales. Si bien la tasa de sindicalización femenina ha aumentado en las últimas décadas, la cruda realidad para la mayoría de las mujeres trabajadoras es la precarización laboral.

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Sindicatos al servicio de los derechos de las mujeres

Muchas de las mujeres trabajadoras que sí contamos con un sindicato, nos enfrentamos a dirigencias charras que no defienden los derechos de las y los trabajadores. Aunado a esto, las estructuras sindicales están compuestas mayoritariamente por varones. Actualmente, solo el 8% de los sindicatos son dirigidos por mujeres.

En la mayoría de los centros de trabajo, las demandas de las mujeres son invisibilizadas por lo que dentro de las demandas sindicales no se encuentra prácticamente ninguna de las que tienen que ver con nuestras necesidades como mujeres, como podrían ser guarderías, comedores, jornadas laborales reducidas, licencias de maternidad extendidas, acceso a servicios de salud derivados de nuestros derechos sexuales y reproductivos, educación sexual integral, refugios contra la violencia, etcétera.

Esto coadyuva a que padezcamos no solo la misma precariedad laboral que nuestros compañeros varones ‒con el agravante de padecer dobles jornadas de trabajo no remunerado‒, sino que nuestras demandas como mujeres ni siquiera son mencionadas por nadie.

Si bien, no pensamos que éste sea solo un problema de “paridad de género” o que pueda resolverse con cuotas de participación femeninas, es un hecho que requerimos una mayor participación de las mujeres en la vida sindical y gremial, que además se apuesten a defender no solo sus derechos como trabajadoras sino a pelear por sus reivindicaciones como mujeres, pues históricamente los aparatos sindicales, de la mano de los patrones y sus gobiernos, se han encargado de disociar nuestras demandas.

Los últimos años hemos visto una gran marea morada defenderse contra la violencia y el feminicidio, pero también contra la precarización laboral y por su derecho a decidir. Imagínense la fuerza de las mujeres organizadas desde sus sindicatos -con sus métodos de lucha como el paro y la huelga- al servicio de conquistar nuestras demandas.

Las mujeres estamos demostrando ser una fuerza enorme que, potencialmente puede pelear contra los planes de los capitalistas y sus gobiernos. Es por ello que consideramos indispensable poner sobre la mesa la necesidad de democratizar nuestros sindicatos y ponerlos al servicio de nuestras demandas.

Que la fuerza de las mujeres se muestre también en nuestros centros de trabajo.

Necesitamos organizarnos

Generemos comisiones de mujeres al interior de nuestros centros de trabajo que se apuesten a priorizar nuestras demandas. Luchemos por recuperar nuestro sindicato de manos de los charros y ponerlo al servicio de la lucha por nuestros derechos.

Si coincides con estas ideas. Contáctanos y organízate con nosotras.




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