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Red Internacional

Entrevista. Michel Nieva, el escritor que da cuerpo al cyberpunk y vida a gauchos androides

El joven escritor argentino es autor de novelas y cuentos de ciencia ficción distópicos, que bien harían enojar a algunos amantes de la literatura gauchesca. "Es imposible, entre otras cosas, producir algún cambio si no es a través de la modificación o intervención en ese discurso de origen" dice.

“La placentera labor del escritor es ofrecer a la imaginación del lector el mejor y más puro alimento que pueda absorber” señaló Ursula K. Le Guin, la inmensamente famosa escritora, en una entrevista que le realizaron en el año 2005.

Michel Nieva, toma esa tarea no con recursos conservadores. Se responsabiliza en leer los modos en que ciertas textualidades operaron como piezas de una máquina de control, que termina en los avances tecnológicos del siglo XIX y se extienden hasta nuestro todavía joven siglo XXI. “A veces más que preguntarme por qué escribo, y en estos espacios de las redes sociales, me pregunto por qué publicar. Hay una frase de Osvaldo Lamborghini “Primero publicar y después escribir”. A mi entender, la tarea esencial de un escritor o escritora es intervenir políticamente en la esfera pública con tu escritura, por eso el elemento fundamental de la escritura es la intervención política” nos comenta.

Sobre cyber punk, gauchos y distopías

Rearticular lo dicho hace tiempo atrás, lo dice de nuevo, pero desde otro lugar, con otros medios, mezclando esos medios que amamos encontrar en las grandes pantallas de cine: Terminator, Blade Runner, Dune, Westworld, entre mis cintas preferidas. Michel muestra la ciencia ficción literaria como un reflejo de lo que ocurre hoy y ahora, refracción en torno a sensibilidades, asuntos, textualidades que circulan en nuestro imaginario o en nuestros sistemas simbólicos: desenreda lo que pasa y le aumenta la velocidad. No deja de ser cierto que todo género, sobre todo uno tan transitado, puede ser fácilmente reducido a estereotipos: Nieva los estrella contra la actualidad y vuelve a darles vida.

Nació en Buenos Aires en 1988. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y actualmente es becario doctoral y docente en la Universidad de Nueva York. Publicó el poemario Papelera de Reciclaje (2011), las novelas ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? (2013), Ascenso y Apogeo del Imperio Argentino (2018) y el libro más reciente, Tecnología y Barbarie: ocho ensayos sobre monos, virus, bacterias, escritura no humana y ciencia ficción (2020). Además, escribió el guión del videojuego en 8 bits Elige tu propio gauchoide, basado en el universo de sus libros de ciencia ficción. En 2021 fue elegido por la revista Granta como uno de lxs mejores narradores jóvenes en español, traducido al búlgaro, al inglés y al italiano. Su relato "El niño dengue", resultó ganador ( junto a "Un hombre sin suerte", de Samanta Schweblin ) del Premio O. Henry de ficción corta 2022, un galardón estadounidense que reconoce cuentos cortos.

¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, novela que comienza con referencias impactantemente violentas que no difieren mucho de las narraciones de Esteban Echeverría o Sarmiento, la Civilización o Barbarie que nunca abandonó la literatura, desde la esfera de la ciencia ficción. El límite entre lo humano y lo no humano es cuestionado hasta perder sentido la pregunta. Inventos inimaginables pero verosímiles ( verosímiles?), con personajes de buzo sport y vidas alienadas.

¿De qué se trata el proyecto de la ciencia ficción del Gaucho Punk?

Gaucho punk es un proyecto literario que surge un poco porque desde la Conquista de América hasta nuestra época, se dio un proceso en el que diversas tecnologías y discursos produjeron una indistinción entre cuerpos y territorios como una mercancía de extracción equivalente. Que reposa en una distinción en una distinción entre qué es lo humano y no humano, lo vivo y no vivo. Uno de los problemas fundamentales del cyberpunk y la ciencia ficción es este límite, entonces interrogar con ese lenguaje la violencia política contra esos cuerpos y territorios es un propósito.

En una entrevista vos contaste que una profesora de Literatura te hacía leer el Martín Fierro de forma conservadora. ¿Puede ser leída desde otra perspectiva?

El gaucho punk surge de la convicción de que no se puede entender el presente si no desde ver que es una confluencia entre el presente y el pasado. La gauchesca es la narrativa de origen de nuestro país, que está enquistada con la fundación territorial del estado en el genocidio indígena, el mismo que produjo la distribución arbitraria de la tierra que se mantiene hasta nuestros días. Es imposible, entre otras cosas, producir algún cambio si no es a través de la modificación o intervención en ese discurso de origen. En ese discurso capitalista y patriarcal en el que surge la narración de nuestro estado, hasta de nuestra literatura, hay un montón de grietas que son en las que hay que intervenir para producir nuevas narrativas. Entre ellas, y resulta increíble, entre las largas glosas que se han producido alrededor del Martín Fierro, poco se han preguntado que ocurre con la China. Eso es lo que brillantemente hizo Gabriela Cabezón Cámara en Las aventuras de la China Iron.

¿Cómo definirías tu literatura de ciencia ficción?

Hay un concepto de Úrsula Kroeber Le Guin ​que me resulta muy estimulante y es que la ciencia ficción vista como una bolsa transportadora, es capacidad de des automatizar la literatura y traficar a sus historias jergas de disciplinas científicas y tecnológicas. Creo que es una tarea central en la era contemporánea, en la que el capitalismo viste de aura fascinante y fetichista sus productos y mercancías mediante una narrativa hiper despolitizante. La tarea de la narrativa de ciencia ficción es re- politizar esas narrativas y permitir verlas desde otra óptica. Precisamente ver las violencias extractivas, económicas y destructoras del ambiente.

El niño dengue es el primer capítulo de una novela que sale el año que viene que se llama La infancia del mundo, se publicó en la revista Granta con traducción de Natasha Wimmer. Compartimos el primer párrafo y sembramos unas ganas locas por leerlo completo.

"Nadie quería al niño dengue. No sé si por su largo pico, o por el zumbido constante, insoportable, que producía el roce de sus alas y desconcentraba al resto de la clase, lo cierto es que, en el recreo, cuando los chicos salían disparados al patio y se juntaban a comer un sánguche, conversar y hacer chistes, el pobre niño dengue permanecía solo, adentro del aula, en su banco, con la mirada perdida, fingiendo que revisaba con suma concentración una página de sus apuntes, para disimular el inocultable bochorno que le produciría salir y dejar en evidencia que no tenía ni un solo amigo con quién hablar".

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