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Red Internacional

Este 31 de agosto se conmemora el Día Internacional del Afrodescendiente. En México, el legado y aportaciones de la población africana a la cultura nacional es poco conocido.

Lunes 30 de agosto | 23:50

Este 31 de agosto es el Día Internacional del Afrodescendiente. Es el primer día que se conmemora dicha efeméride; esto luego de que en 2020 en Estados Unidos y diversos países de Europa y África resonara de nuevo el grito de #BlackLivesMatter, las vidas negras importan.

En México si bien no hubo fuertes movilizaciones debido tanto a la composición social mexicana como al hecho de que se mantenía la cuarentena el semáforo rojo y naranja en la mayor parte del país, ello no quita que se suscitaran debates en torno al racismo y la discriminación, en especial con respecto hacia la población indígena.

Sin embargo, a pesar de los intentos del capitalismo mexicano, arropado en disfraces "progresistas" adornados de mestizaje, de ocultar los aportes de este sector poblacional, los afromexicanos existen y su presencia continúa sufriendo las políticas represoras del Estado mexicano.

Desde la llegada de los españoles al territorio que hoy es nuestro país, los africanos eran traídos ya sea en calidad de hombres libres o como esclavos que obtendrían su libertad a cambio de combatir, pacificar y conquistar a las tribus indígenas de América.

La población negra se concentró principalmente en Veracruz, debido a que allí llegaban los cargamentos de mercancías, esclavos y hombres, pero también se asentaron en Oaxaca y Guerrero. Las poblaciones de estos estados conservan muchas tradiciones e idiosincracias que provienen originalmente del llamado "continente negro".

Los carnavales, los bailes, los ritmos de 5/3, la gastronomía e incluso algunas localidades tienen nombres de origen africano, como Mozomboa o Madinga. Según datos del CONAPRED, [1] hacia 1570, medio siglo después de la caída de Tenochtitlan, los africanos constituían más de 20500 personas de la población del país, o el 0.6%, mientras que la población indígena era la mayoría, con 3,366,860, o el 98.7%; pero para 1810, al inicio de la gesta independentista, la población africana se había reducido a la mitad, a cerca de 10 mil personas.

Esto se debe al proceso complejo de mestizaje en la Nueva España. Dentro de la categoría de "población mestiza" se encuentran poblaciones tan variadas como los mestizos (hijos de indígenas y europeos), mulatos (hijos de africanos y europeos), zambos (hijos de indígenas y negros), coyotes, moriscos, cuarterones, etc. Este sector poblacional se había incrementado a 2,421,073 personas (o el 38.6% de la población).

Tan es así que nada menos que dos de los próceres independentistas, generales insurgentes y un futuro presidente de México tienen ascendencia africana. El primero es José María Morelos y Pavón, mulato nacido en Valladolid, renombrada en su honor como Morelia, capital de Michoacán. El segundo es Vicente Guerrero, cuya ascendencia africana es incuestionable, aunque se debate a qué casta pertenecía, ya que algunos lo clasificaban como mulato, mientras que otros lo consideran cuarterón ("tres cuartas partes negro, una cuarta parte otra cosa").

En los últimos años, los afromexicanos han luchado por ser reconocidos como un sector poblacional ante el INE, así como han sufrido las políticas represivas del Estado mexicano. Durante el sexenio de Peña Nieto, más de 40 mil de ellos fueron desaparecidos ya sea por el ejército o las bandas del narcotráfico.

Pero justamente el dar a conocer su legado permite retrazar los orígenes de la rica cultura mexicana, así como preservarla contra los intentos de invisibilizarla y desaparecerla tanto por el gobierno como por las compañías extranjeras que los despojan de sus territorios para realizar sus megaproyectos ecocidas.


[1María Elisa Velázquez y Gabriela Iturralde Nieto, Afrodescendientes en México, una historia de silencio y discriminación, México, Conapred, 2012, p. 37.





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