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Red Internacional

Un sentido común ronda esta época que dice algo así, cualquier persona que ocupa un puesto en una empresa o institución del Estado, ya visibilizando su identidad fortalece la pelea contra la desigualdad que sufre la diversidad sexual. En una sociedad que hasta hace poco recriminaba la homosexualidad a gran escala, no es difícil imaginar que se le asigne un valor a cada posición que antes era inesperada para alguien públicamente LGBTIQ+. ¿Es tan así?

Lunes 16 de mayo | Edición del día
Tim Cook, CEO de Apple
“Una Ética Marica quiere justamente luchar contra el sálvese quien pueda: se trata de que se salve quien quiera y no sólo quien pueda. Porque los que pueden son los de siempre”, Paco Vidarte

Tim Cook es director general de Apple, fue el primer CEO de las 500 empresas más importantes en salir del clóset, lo que le valió titulares en todos los medios. Apple, como todo el polo de empresas tecnológicas donde están Google, Facebook y Amazon, es conocida por su discurso de respeto a la diversidad.

Cook encarna en sí mismo ese espíritu. “Todos debemos ser tratados con dignidad y respeto, y es así como veo a todos independientemente de su orientación sexual o de su religión, de su género, de sus antecedentes étnicos” planteó en una entrevista. Entre los argumentos que dio para hacer pública su sexualidad se refirió a los niños que sufren acoso: “Tengo que hacer algo por ellos, mostrarles que es posible ser gay y seguir adelante, hacer grandes trabajos en la vida, hay un camino allí”.

Tim Cook, sucesor de Steve Jobs como CEO en Apple
Tim Cook, sucesor de Steve Jobs como CEO en Apple

¿Alguien hubiese esperado hace 50 años que el CEO de una de las principales empresas tecnológicas fuese gay abiertamente? Ni de casualidad, sin embargo la pregunta es engañosa, comparar la actualidad con un pasado mucho más hostil, genera el efecto de anestesiar los problemas que se presentan para imaginar y pelear por una perspectiva de verdadera emancipación para la diversidad sexual.

Ricos y Famosos

En modo mentor, de modelo motivacional a seguir, el sucesor de Stever Jobs busca dar una idea clara de futuro prometedor, asociado a una carrera laboral y de éxito en una de las compañías más valiosas del mercado. Algo muy fácil de proponer cuando se vive con un patrimonio de 2 mil millones de dólares según el relevamiento de la revista Forbes en 2022. Y no es el único caso, entre los primeros 500 más ricos del mundo se encuentran uno de los fundadores de la productora Dreamworks David Geffen (10 mil millones USD) y el famoso diseñador Giorgio Armani (7,8 mil millones USD). En Argentina tenemos como ejemplo a Antonio Aracre, CEO de Syngenta, una multinacional líder en transgénicos y agrotóxicos.

Más adelante en la lista de Forbes aparece Jennifer Pritzker, la única mujer trans multimillonaria con una fortuna igual a la de Cook. Pritzker fue una de las herederas de la cadena de hoteles Hyatt y de empresas industriales. En 2016 apoyó la campaña de Trump con fondos por 250 mil dólares. Se alejó de ese apoyo tras el anuncio de la prohibición de personas trans a ser parte del ejército, institución de la que fue parte llegando a obtener el título de coronel honorario 2001.

Esa idea de un camino a través de un buen trabajo, de ascenso social, empalma de lleno con la idea de la meritocracia: con el esfuerzo individual, es posible salir adelante. Para las generaciones jóvenes, que sienten como propia la pelea contra la discriminación más allá de su sexualidad o identidad de género, este camino aparece cada vez más como una utopía. Se evidenció desde la crisis del 2008 y más aún con la desencadenada tras la pandemia que sólo profundizó la brecha entre ricos y pobres. Sin embargo, desde sectores de derecha y ultraderecha insisten con estos discursos, que buscan depositar la responsabilidad y la solución a grandes problemas sociales en las personas individualmente.

Jennifer Pritzker, la única mujer trans multimillonaria
Jennifer Pritzker, la única mujer trans multimillonaria

En su libro Ética Marica, el activista y filósofo español Paco Vidarte, criticó duramente esta apuesta de un sector de la clase dominante: “La liberación de gays y lesbianas sólo ha sido posible y permitida pasando por el aro del capitalismo, del comercio, de la burguesía y sus valores discriminatorios: si hacéis profesión de fe de individualismo y milagro americano, os dejamos ser de los nuestros, pero sólo los que recen nuestro credo, los demás seguirán aplastados, aunque nunca diremos ya que lo son por maricas, por respeto a las maricas que están de nuestro lado. Simplemente cambiamos el discurso, pero las prácticas de exclusión y marginación permanecen idénticas y los sectores de la población que queríamos seguir manteniendo al margen y controlados lo siguen estando, pero hemos conseguido depurar la exclusión en provecho de la clase privilegiada, que tiene derecho a ser marica sin que ello le suponga un desclasamiento. Los pobres van a seguirlo siendo, sean maricas o no”.

De esa manera Vidarte apuntó contra la integración al sistema de los movimientos LGBT que surgieron en los 70’ con una crítica radical contra la desigualdad que reproduce el capitalismo. Pero que durante el neoliberalismo fueron cooptados y apaciguados, las organizaciones que hoy se autoproclaman la representación de la población LGBTIQ+ centralmente en el mundo occidental, antepusieron una agenda limitada al respeto a las identidades y la conquista de algunos derechos como si con eso bastara para resolver todos los problemas.

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¿Empatía con quién?

Esa agenda de inclusión tuvo múltiples beneficios para los empresarios. Desde el diseño de un nicho de mercado específico al que dirigirse con una batería de productos y servicios, hasta para lavarse la cara ante nuevas generaciones de consumidores que exigen respeto a la diversidad, como también para beneficiarse con la desgravación de impuestos. Cook incluso señala que ser gay en su caso fue un plus para dirigir la compañía: “La sensación de estar en minoría te da un nivel de empatía por otras personas que no son mayoría y empiezas a ver la vida de forma un poco diferente. También para mí, y esto es muy bueno para ser el CEO de Apple, porque recibo una buena cantidad de disparos de diferentes personas a lo largo del camino, es crecer, endurecerse, que viene de ser gay también, fue realmente muy beneficioso para este papel”.

Paco Vidarte, filósofo, escritor y activista gay
Paco Vidarte, filósofo, escritor y activista gay

Lo cierto es que mientras sostiene esto, en Estados Unidos las grandes compañías tecnológicas son el principal blanco de la crítica a la desigualdad: fueron las grandes ganadoras de la pandemia mientras hay más pobreza y precarización. Eso se expresa en el fenómeno de la Generación U, con jóvenes impulsando la organización de sindicatos en Amazon y Starbucks por derechos laborales y contra todo tipo de discriminaciones, donde también la diversidad sexual está a la cabeza del proceso. De hecho, a principios de junio se espera la primera votación en una tienda de Apple en Atlanta. Esos trabajadores denuncian que Apple está implementando maniobras antisindicales, como citarlos uno a uno para disuadirlos de formar un sindicato. Acá la empatía te la debo.

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Vidarte señaló sobre la integración que “en el fondo sólo se quieren mantener los privilegios de las clases acomodadas que han ampliado un poco su «nosotros», ahora son más y más poderosos con las maricas integradas y disponen de nuevos instrumentos de opresión y de una nueva fachada de defensa de derechos sociales que les ha salido muy barata”.

El horizonte de demandas de las organizaciones de la diversidad sexual limitado a derechos democráticos elementales y la tolerancia, logró naturalizar una visión sobre la cuestión identitaria acotando los problemas de las personas LGBTIQ+ a los derechos civiles y una agenda punitiva contra la discriminación, pero sin contemplar la compleja ligazón con la clase, raza y nacionalidad. Por eso ante esa institucionalización, Vidarte contrapone la necesidad de recuperar una solidaridad entre los oprimidos, perseguidos y les trabajadores.

Se trata de una alternativa contra esa salida individual y meritocrática, que fomentan empresarios como Cook poniendo en evidencia que detrás del discurso de inclusión y éxito, buscan naturalizar y sostener una desigualdad de clase que el neoliberalismo solo profundizó. Lejos de esos cuentos de éxito individual, las luchas por la sindicalización en Estados Unidos o también en movilizaciones masivas como en Chile y Ecuador, donde participan sectores LGBTIQ+ con sus reivindicaciones, comienzan a mostrar otra cosa: la posibilidad de construir lazos de solidaridad y buscar salidas colectivas en base a cuestionar de fondo todas las desigualdades y opresiones que sostiene el capitalismo, sobre la desigualdad estructural de la explotación a la que es sometida la inmensa mayoría de la humanidad.

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