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Red Internacional

La representación sindical de la Sección 7 de la CNTE en Chiapas aseguró que impulsará un plan de movilizaciones, en respuesta a la negativa de las autoridades a resolver las problemáticas educativas de la entidad. Pero, ¿éstas se solucionarán con una mesa de diálogo?

Miércoles 10 de noviembre de 2021 | 21:24

En conferencia de prensa, encabezada por el secretario general de la Sección 7, Pedro Gómez Bahamaca, éste informó que las actividades de protesta magisterial iniciaron con el sector de educación indígena, que hasta el momento ha tomado 12 de las 14 oficinas regionales de educación indígena en la entidad, debido al abandono en que se encuentra este subsistema por parte de las autoridades estatales y federales.

“Aparte de las acciones que los compañeros de educación indígena empezaron a realizar este lunes, también estamos por convocar a todas las delegaciones sindicales en una ruta que nos lleve a celebrar congresos regionales de niveles y el congreso estatal, en el que todos los trabajadores pudiéramos acordar un plan de acción”, cuyo objetivo es movilizar al conjunto del magisterio chiapaneco, aseguró el dirigente sindical.

A su vez, afirmó que el lanzamiento de este plan de lucha es una respuesta ante la actitud de los gobiernos estatal y federal de no querer resolver las problemáticas que padecen las comunidades educativas, hasta en cosas que señaló son “prácticas”, como cubrir la matrícula de docentes que se jubilan con docentes de nuevo ingreso, por lo que denunció que las escuelas del sector no cuentan con los docentes faltantes hasta la segunda quincena de enero, después de haber sorteado los trámites burocráticos que se requieren para ingresar.

La problemática educativa y la estrategia de la CNTE

Es real lo que denuncia la Coordinadora sobre las condiciones en extremo precarias de las escuelas, no sólo en los estados en donde tiene presencia, que en nuestro país son las regiones con mayores índices de pobreza y pobreza extrema, como Guerrero, Chiapas o Oaxaca. La problemática educativa ahora se ha visibilizado más a nivel nacional por la pandemia. En distintas partes del país las y los docentes y trabajadores de la educación han manifestado en muchas ocasiones el abandono en que se encuentran sus escuelas y el avance de las autoridades sobre sus derechos laborales.

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Como muestra la recurrente falta de pagos a miles de docentes estatales, a los contratados por “rúbrica” o que pertenecen a programas educativos como el PRONI; las trabas burocráticas y la falta de transparencia para las promociones, que se rigen bajo criterios de competencia que dividen al magisterio y pervierten su labor; la negativa a otorgar a los egresados normalistas una plaza docente automáticamente, poniéndolos a competir con cada año con otros profesionistas por su derecho al trabajo; además de la falta de pagos a docentes jubilados en diversos estados, como Zacatecas, en donde el magisterio encabezó multitudinarias manifestaciones de trabajadores estatales contra la quiebra del ISSSTEZAC y que ésta fuera pagada por sus trabajadorxs; o la falta de pagos a docentes de rúbrica en Morelos o en Michoacán, donde también hubo movilizaciones.

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Todo lo cual demuestra que lejos de un cambio real y profundo y más allá de los discursos progresistas del gobierno, los ataques contra la educación pública y contra nuestros derechos continúan bajo el gobierno de la 4T y los gobiernos estatales, así estén encabezados por el Morena y sus aliados o por los partidos de “oposición” neoliberales.

Ante ello, la estrategia de la dirección política de la Coordinadora a nivel nacional hasta el momento ha sido insistir en la reapertura de la mesa de diálogo con el gobierno federal. Sin embargo, después de más de 18 mesas de este tipo, sigue sin resolverse las demandas de fondo del magisterio que ya se venían planteando desde el sexenio anterior.

La falta de respuesta positiva por parte de los gobiernos federal y estatales, así como la continuidad de los ataques contra la educación pública, nos tiene que hacer reflexionar sobre cómo podemos enfrentarlos. Desde la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase reconocemos el legítimo derecho de la CNTE -y de cualquier representación genuina de las maestras y maestros de base-, a ser escuchada por las autoridades correspondientes y a exigir que se solucionen sus demandas.

Pero cabe preguntarse si es depositando todas nuestras expectativas en una mesa de negociación o en una serie de ellas, como lograremos que el gobierno federal o los estatales retrocedan en una política educativa que a todas luces está mostrando su gran similitud con la de sexenios anteriores.

La respuesta a esta pregunta pone sobre la mesa la discusión acerca de la estrategia política que debe llevar adelante la disidencia magisterial, para no depender de la “respuesta” del gobierno sino poder actuar con independencia política de éste y de las demás instituciones del régimen político, promoviendo la más amplia unidad y la movilización en las calles de todos los trabajadores de la educación, junto a los de otros sectores, para lograr todas nuestras demandas.

Las y los docentes de la Agrupación Nuestra Clase opinamos que, si bien la CNTE ahora se propone movilizar al magisterio chiapaneco para ejercer presión sobre gobierno estatal, debe abandonar la lógica de llevar siempre el potencial combativo de los maestros movilizados a las mesas de negociación y las “salidas” institucionales, más aún si lo que pretende son negociaciones por separado de cada una de las secciones.

La enorme fuerza que tiene el magisterio, no solo en el estado sureño sino a nivel nacional, así como el potencial mayúsculo que puede tener si se une con otros sectores de trabajadores, lo expresó el caso de Zacatecas, donde se demostró que sí sirve luchar y es mejor hacerlo unidos, aunque las dirigencias sindicales se negaron a ir por más.

El camino debe ser desarrollar la unidad y la lucha de todo el magisterio nacional junto a los demás trabajadores de la educación y nuestros aliados: los estudiantes, padres y madres de familia, así como los trabajadores del campo y la ciudad, que es lo único que puede generar la fuerza suficiente para lograr nuestras demandas.

Para impulsar esa perspectiva dentro y fuera de nuestras organizaciones sindicales y centros de trabajo, es que impulsamos con compañeros independientes y de otras agrupaciones el Movimiento Nacional por un Regreso a Clases Seguro y comités de dicho movimiento en diferentes estados, entendidos como espacios democráticos y unitarios de coordinación y organización de todos aquellos que queremos pelear en común en defensa de la educación pública y de nuestros derechos laborales.




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