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Red Internacional

Está por concluir el primer periodo de evaluación en educación básica. Las y los docentes vemos con preocupación que el problema de la deserción y el rezago continúan profundizándose.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Miércoles 10 de noviembre de 2021 | 23:27

Según cifras oficiales, solamente 18 millones de los 32.9 millones de alumnos que se inscribieron en este ciclo escolar están acudiendo a clases presenciales. A nivel nacional, la desigualdad entre las escuelas donde se logró imponer el regreso inseguro a las escuelas y aquellas donde no, genera un vacío de información sobre cuántos de los 12.9 millones de alumnos que no acuden a clases están siendo atendidos a distancia y cuántos no.

En la CDMX y otras partes del país, a las y los docentes se nos impidió atender a los alumnos y las familias que decidieron no asistir a clases presenciales, rompiendo con el principio educativo que la 4T presentó como uno de los más importantes de la “nueva escuela mexicana”: “no dejar a nadie afuera, no dejar a nadie atrás” y echa por tierra uno de los argumentos que utilizó para forzar el regreso a clases presenciales sin garantizar condiciones de seguridad para alumnos y docentes: el rezago educativo y la deserción escolar.

Cabe señalar que, además de los 12.9 millones que se desconoce si están siendo atendidos o no, hubo 5.2 millones que por motivos asociados al Covid-19 ni siquiera se inscribieron en este ciclo escolar.

De los 18 millones de alumnos que sí asisten, en su mayoría lo hacen de manera escalonada una semana sí y otra no -en el mejor de los casos, pues hay escuelas en las que por la gran cantidad de alumnos se ha tenido que dividir los grupos hasta en tres secciones, obligando a que los alumnos asistan una sola semana al mes-. Esta situación ha sido necesaria para mantener la sana distancia, debido a que no se garantizó la construcción de más y mejores escuelas para que tengan grupos reducidos, lo que no es solo una necesidad sanitaria, sino también pedagógica.

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En estas condiciones es imposible garantizar que el rezago educativo, provocado por la falta de acceso a internet y equipos de computo que permitieran que los alumnos mantuvieran comunicación con las y los docentes en la cuarentena, se pueda resolver.

En el último Consejo Técnico Escolar, a las y los docentes se nos encomendó, descargando sobre nosotros nuevamente la responsabilidad exclusiva, generar un plan para resarcir el problema del rezago. Sin embargo, no se plantea dar marcha atrás con ninguna de las medidas y condiciones que lo siguen profundizando.

Para abatirlo, es necesario en primer lugar que se construyan más escuelas para que podamos atender a grupos reducidos y darles una atención personalizada a los alumnos y alumnas, con el fin de ayudarles a adquirir las habilidades y conocimientos que no han podido desarrollar.

Esta atención no puede ser una semana sí y otra no, sino que es necesario que acudan diariamente y/o que puedan ser atendidos por docentes a distancia de forma que realmente no queden fuera. Esta asistencia diaria no puede ser sobre la base de que hacinen a todos los alumnos en un aula, como pretende la SEP, sino que se requiere de forma urgente construir escuelas y contratar docentes con plenos derechos laborales.

Para aquellos que decidieron continuar a distancia por el riesgo que implica regresar a las escuelas (pues además el gobierno se niega a vacunar a los menores de edad), es necesario que se permita a los docentes atenderlos -otorgándoles tiempo de su jornada laboral para poderlo hacer- o, en su defecto, que se contraten nuevos docentes para esta tarea, dotándolos (y también a los alumnos) de todos los insumos tecnológicos necesarios para ello, con el fin de que no se queden sin atención.

Por otro lado, es necesaria la contratación de personal especializado para atender de forma más integral las necesidades de los alumnos y alumnas, pues éstos vienen con un cúmulo de situaciones emocionales y personales que dificultan su proceso de aprendizaje. Son necesarios médicos, trabajadores sociales, psicólogos y docentes de apoyo. En muchas escuelas ni siquiera hay personal de la Unidad de Educación Especial e Inclusiva (UDEEI) para atender a los alumnos que enfrentan barreras de aprendizaje, lo que los deja en situación de mayor vulnerabilidad y riesgo de exclusión.

Las y los maestros no podemos resolver con una varita mágica los problemas que enfrentan nuestros alumnos. Hacemos nuestro mejor esfuerzo para garantizar que tengan las mejores herramientas, pero estamos muy lejos de poder lograrlo de manera integral.

Sabemos que a las autoridades educativas lamentablemente solo les importan los números y las estadísticas. En algunas escuelas los supervisores y directivos comenzaron ya a forzar a los docentes a colocar calificaciones superiores a 8, o no reprobar a ningún alumno, para aumentar las cifras y poder plantear que el regreso a clases es un éxito y que se está abatiendo el rezago. La realidad es que, más allá de si estamos a favor o en contra de la aprobación automática o de que las calificaciones no necesariamente se corresponden con el aprendizaje, ninguna de las medidas que la autoridad implementa sirve para abatir el rezago de los alumnos.

Necesitamos organizarnos junto a las madres y padres de familia para exigir condiciones mínimas para que las escuelas puedan enfrentar la deserción escolar y el rezago, así como que pueda elevarse el nivel académico y cultural de nuestros niños y niñas y que se deje de lado de una vez por todas la simulación para enfrentar los problemas educativos.




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