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Red Internacional

El 6 de marzo concluye la “separación funcional”, con la aceptación de la dirección sindical y de representantes de base de todo el país. ¿Qué estrategia puede llevar a la base telefonista a conquistar la cancelación de esta medida?

Jueves 5 de marzo de 2020 | 13:27

La tan cuestionada separación de Telmex está por hacerse realidad, con el “permiso” de la Asamblea Nacional de Representantes (ANR) reunida el 29 de febrero en el Sindicato de Telefonistas (STRM). Bajo un discurso de Francisco Hernández Juárez (FHJ), Secretario General del sindicato, en el que reconoció no haber logrado la anulación de esta política, pero reivindicó conseguir que su aplicación fuera solamente “virtual” y mantener intactas las conquistas laborales de la base.

No es la primer vez que la dirigencia del STRM busca adaptarse a una política para intentar proteger los derechos de los trabajadores, de hecho se trata de su estrategia sindical por excelencia desde mediados de los años 80’s, cuando la ofensiva neoliberal alcanzó al sector de las telecomunicaciones nacionales por primera vez.

De acuerdo a esta lógica, los trabajadores tienen dos opciones a la hora de enfrentar un golpe político o laboral: presentar combate y medir fuerzas, o maniobrar para que el impacto cause el menor daño posible. Pero como el rival es constantemente considerado como “invencible” - sea el gobierno, las instituciones o el patrón - y sus golpes son vistos como “inevitables”, en consecuencia la “única” opción que queda es “adaptarse para sobrevivir”. Estrategia que tras la privatización de Telmex promueve FHJ como un “nuevo modelo exitoso de sindicalismo”, que no busca luchar contra las políticas neoliberales o patronales sino cooperar con ellas.

El problema de esta concepción conciliatoria, al hacer de una posición defensiva algo permanente y convertirla en un “modelo” de sindicalismo, es que al rehuir de la confrontación cede toda la iniciativa y pierde terreno. Lo cual si bien le ha ayudado a la dirección sindical a conservar conquistas del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), también ha posibilitado que este se encuentre cada vez más golpeado y amenazado por las políticas que ha dejado pasar. Basta comparar las condiciones laborales y de vida de los telefonistas actualmente con las que disfrutaban las generaciones de los 80.

De acuerdo a esta estrategia sindical impulsada por la corriente dirigente del STRM, el camino de la lucha combativa e independiente no solo es “peligroso” para los trabajadores, sino sobre todo “irresponsable”, ya que las políticas neoliberales son “irrefrenables” y de no colaborar con ellas estas pasaran por encima de la base de manera más drástica. Por esta aparente razón, FHJ y el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del sindicato son tan enemigos de pelear con paros, movilizaciones masivas y huelgas, promoviendo en su lugar la “conciliación de intereses” y la “cooperación” con el patrón o el gobierno en turno.

Por una salida combativa e independiente a la política de la “separación funcional”

Mientras que López Obrador se muestra “respetuoso” de las “reformas estructurales” de Peña Nieto y el Pacto por México (PRI-PAN-PRD), en concreto de la “reforma en telecomunicaciones”, la existencia del IFT y la “separación funcional” de Telmex, más de 60 mil telefonistas y sus familias se encuentran resistiendo los efectos de estas políticas que constantemente amenazan sus derechos y prestaciones.

El STRM es uno de los sindicatos más poderosos del país, no solo por su extensión nacional y su número de afiliados, sino sobre todo porque está inserto en un sector clave de la economía nacional y mueve a la empresa más grande de telecomunicaciones “fijas”. Así como también es una organización obrera histórica con cientos de alianzas sindicales nacionales e internacionales muy importantes, empezando por la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) de la cual forma parte.

Si este peso político nacional tan considerable centra su fuerza en golpear al IFT, con métodos combativos como paros, movilizaciones masivas y hasta la huelga de ser necesario, tanto el Instituto como el gobierno se verían sujetos a una enorme presión política capaz de torcerles el brazo y obligarlos a acatar la voluntad de los trabajadores. Toda lucha se decide hacia el lado del oponente con mayor voluntad para vencer y con mejores tácticas y estrategias, independientemente de su fuerza aparente.

No se trata de solo “rebelarse” ante la orden del IFT y cruzarse de brazos a esperar que este retroceda, como lo explicó FHJ en la ANR pasada, discutiendo contra las posturas más combativas al interior del sindicato. Se trata de que el STRM muestre el poder que tiene al controlar la empresa de telecomunicaciones más grande del país; de la capacidad con la que cuenta para convocar y movilizar a una gran masa de trabajadores y aliados a nivel nacional e internacional; y de que sus grandes medios y recursos sean puestos en función de esta perspectiva combativa e independiente, en lugar de ser usados para mantener los privilegios e intereses de la casta parasitaria que lo controla.

Lo único que necesitan los telefonistas para echar atrás al IFT es contar con una estrategia que logre ponerlo en “jaque” y con una dirección sindical - independiente del patrón, el gobierno y las instituciones – que la lleve hasta el final. Lo cual solo se puede obtener si la base trabajadora logra retomar a imponer la tradición democrática al interior del STRM, donde las asambleas de base son el órgano de gobierno principal.

La dirección del STRM encabezada por FHJ no es ignorante de que su estrategia sindical lleva al arrinconamiento político y a dejar pasar los golpes neoliberales, tampoco es inconsciente de que esto lleva a la base a retroceder constantemente y a ceder conquistas paulatinamente. Su rechazo a la lucha combativa desde hace décadas responde a sus propios intereses políticos y sindicales, pues mostrándose “aliada” del gobierno y del cuarto hombre más rico del mundo protege sus privilegios políticos y materiales, a costa de permitir “golpes menores” hacia la base trabajadora. De aquí la tarea histórica que se le presenta a las generaciones actuales de telefonistas es erradicar a la burocracia sindical de su organización y retomarla como una verdadera herramienta de lucha de la base trabajadora.




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