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Red Internacional

Ante la pandemia que ha infectado a más de 462 mil habitantes de todo el mundo y cobrado la vida de 21 mil personas, trabajadoras de la Secretaría de Salud, hablamos sobre algunas de las condiciones que enfrentamos en la sanidad pública y propuestas para hacerle frente a la emergencia, desde quienes estamos en la primera línea de combate contra el letal covid-19.

Viernes 27 de marzo de 2020 | 18:37
*Ivana Santucho es médico precaria de la Secretaría de Salud
**Lucy González, es trabajadora precaria de la Secretaría de Salud en la Ciudad de México e integrante de la agrupación de mujeres y disidencias sexogenéricas, Pan y Rosas

Según un estudio realizado por la Fundación Gimbe en Italia, el 8.3% del total de casos positivos por covid-19, corresponden a trabajadoras y trabajadores del sector salud, lo cual representa el doble de los casos registrados en China, donde surgió el brote.

Más de 4 mil 800 enfermeras, médicos y personal de la salud en Italia están infectados; en el Estado Español la cifra supera los 5 mil casos; en Francia se han contabilizado 490 trabajadoras y trabajadores de la salud contagiados.

En la mayoría de los casos se hizo presente la falta de equipo de protección para el personal de salud, a lo que se suma el alto índice de contagio propio del COVID-19; probablemente, estas alarmantes estadísticas se repliquen en México.

En México desde el inicio de la pandemia y antes, hemos visto distintas manifestaciones de enfermeras, camilleros y médicos internos en todo el país denunciando la vulnerabilidad en la que se encuentran, debido a la falta de medidas, capacitación y equipo para brindar la atención médica, sin ponerse en riesgo.

No cuentan con condiciones laborales dignas, ni presupuesto, ni insumos que les permitan realizar sus trabajos, sin exponerse a un inminente contagio que se expanda en sus familias al llegar a sus casas y luego se reproduzca en las colonias.

En el caso de los médicos internos se agrava aún más la vulnerabilidad, pues ni siquiera son considerados personal del hospital donde realizan su internado y en el caso del IMSS, son considerados becarios y sin relación laboral, por lo cual, no hay ninguna responsabilidad por parte de las autoridades ante un posible contagio, ni prestaciones sociales para atender la enfermedad en una institución de salud.

Actualmente, el IMSS no está obligado a brindarles el equipo especializado, ni la atención en caso de contagio directo, pero sin embargo las y los médicos internistas siguen laborando. Por su parte las autoridades de la UNAM, el IPN y la UAM (así como algunas privadas), se deslindaron de cualquier responsabilidad con las y los médicos internos e indicaron, que deberían de continuar su año de internado bajo la normativa de las instrucciones en las que actualmente se encuentran inscritos.

También han comenzado a registrarse casos de médicos adscritos y basificados en el IMSS, como probables infectados por coronavirus. La primera respuesta del Instituto fue hacer la prueba de tamizaje para identificar si se trata de Covid-19 y pasarlos inmediatamente al aislamiento; esta acción claramente pudo haberse hecho antes y de manera preventiva, para evitar el contagio entre personal de salud.

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Esta alarmante situación deja ver que las y los trabajadores del sector salud público no estamos en las prioridades del gobierno de la 4T. Por el contrario, su política es fortalecer al ejército y a la marina a quienes recientemente en Oaxaca, el presidente López Obrador anunció que les entregará el control de 10 hospitales, para que sean las fuerzas armadas quienes administren la salud en la crisis sanitaria.

Para quienes trabajamos en la sanidad pública esta acción es totalmente indignante, pues no solo demuestra el desprecio hacia la población más vulnerable sino que más allá de los discursos y las simulaciones, en los hechos el gobierno de la 4T está dejando en claro que no va a fortalecer a las instituciones dependientes de la Secretaría de salud, IMSS ni ISSSTE en la pandemia que se está desarrollando.

En esta la situación de crisis, se hacen necesarios todos los medios y recursos posibles para que nuestras instituciones públicas, juegan un rol activo en salvar la vida de millones de trabajadores, muchos de los cuales no dejan de laborar, aunque se haya decretado “el distanciamiento social” bajo la fase 2, ni necesariamente cuentan con los recursos económicos para atenderse en hospitales especializados y además, enfrentarán la pandemia en condiciones adversas, con una salud muy deteriorada producto de los extenuantes ritmos de trabajo.

Lamentablemente, el grueso de población no puede seguir el ejemplo de “Susana distancia” propuesto por el gobierno. Deben de continuar laborando, recorriendo grandes distancias, en condiciones de hacinamiento e insalubridad en el transporte público, todo para garantizar el pan en sus hogares. Esta realidad es totalmente opuesta a lo que dicta el Subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, en sus conferencias nocturnas.

Crisis de la salud pública, antes de la pandemia

"Esto va a ser tan malo como Italia o peor". Así empieza un reportaje publicado en el New York Times, sobre la pandemia del coronavirus y la relativa calma que se vive aún en México.

Y es que la crisis en los sistemas de salud pública -particularmente en el IMSS y el ISSSTE-, ya era crítica previo a la pandemia de coronavirus. Por órdenes del ex presidente Enrique Peña Nieto, el IMSS sufrió mucho más afectaciones en su financiamiento, algo que no es casual, pues implica avanzar con la privatización del derecho a la salud para las y los trabajadores.

El golpe a estas instituciones de salud pública no se explica, sin los recortes presupuestarios y negocios millonarios que los gobiernos del PAN y del PRI hicieron en sexenios previos con los grandes laboratorios y las empresas productoras de insumos médicos, como explicamos aquí.

Por su parte, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador también ha contribuido a la vulnerabilidad de la salud pública mexicana.

Durante su primer año de gestión, tuvo dos destacadas acciones. La primera fue disminuir el presupuesto otorgado a las instituciones pertenecientes a la Secretaría de Salud, IMSS e ISSSTE, para otorgarlo a la creación y fortalecimiento de la Guardia Nacional.

La segunda es que canceló el Seguro Popular -que era insuficiente en la cobertura para sus afiliados pero que finalmente brindaba atención a las personas que no cuentan con seguridad social- y en su lugar, creó el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), que aún no termina de consolidarse en sus operaciones y presupuesto y que evidentemente no está preparado para dar respuesta a la magnitud del problema que representa la pandemia.

Bajo el discurso de la "austeridad republicana", la 4T continúa con el recorte al presupuesto de salud y el gasto social, así como el avance de la precarización laboral para las trabajadoras y trabajadores estatales, según explica aquí Iván Montero integrante de la campaña #QueremosTrabajoDigno.

Primera línea contra la pandemia

Desde Sonora hasta Chiapas enfermeras, médicos, trabajadoras sociales y personal de la salud pública, somos aún más vulnerables al contagio de COVID-19, debido a nuestro contacto con pacientes en los hospitales y la cercanía con sus familiares.

Ante este difícil panorama, la negligencia del gobierno y el cinismo de la derecha, es urgente que todas las enfermeras, médicos, técnicos, camilleros, laboratoristas, trabajadoras sociales, administrativos, de mantenimiento e intendencia de cada hospital y clínica pública del país, nos organicemos en Comisiones de Higiene y Seguridad, independientes de las autoridades, la burocracia sindical y gestionadas por las bases trabajadoras que estaremos haciendo frente a la pandemia para tomar en nuestras manos la administración de los insumos, la capacitación para no exponernos y la atención a nuestros pacientes en las mejores condiciones posibles (lo que implica garantizar medidas para evitar el contagio, necesitamos test para identificar y el acceso a ventiladores mecánicos y equipo de intubación).

Solo la clase trabajadora organizada de manera independiente del gobierno y la derecha, podremos dar una salida favorable para el pueblo pobre y trabajador de México y el mundo. Confiando en nuestras propias fuerzas, es que realmente podremos garantizar la correcta aplicación de protocolos para la atención de pacientes infectados en los hospitales, así como el abastecimiento permanente de insumos, medicamentos, reactivos, instrumental y todo lo necesario para evitar contagios entre el personal de salud.

Es necesario que exijamos a los sindicatos y centrales que se reivindican “democráticos”, como la Nueva Central de Trabajadores (NCT), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la Confederación Internacional de Trabajadores (CIT), en unidad con las y los trabajadores precarizados que no tenemos derecho a sindicalización, discutir un Plan Nacional de Emergencia ante la crisis sanitaria y social que se está desarrollando.

Desde la Izquierda Diario y el Movimiento de Trabajadores y Trabajadoras Socialistas, proponemos una serie de medidas de emergencia que se pueden leer aquí. Llamamos a todos los compañeros y compañeras del sector salud a discutir y organizarnos para que estas medidas sean implementadas de manera inmediata por el gobierno y las patronales, para así procurar el menor número de muertes posibles.

No dudes en contarnos tu experiencia en tu hospital, clínica o centro de salud frente a la pandemia ¡Nuestra salud y vida no son reemplazables!




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