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Finalizó la cumbre de la CELAC en México ¿hacia una nueva política para la región?

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Tras la culminación de la cumbre de la CELAC, no faltaron los comentarios que sostienen dicho espacio avanza en detrimento de la OEA y hacia “redefinir una nueva política para Latinoamérica”.

Alex Osorio

México

Domingo 19 de septiembre | 18:34

Finalizó la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que se desarrolló en el Palacio Nacional en la Ciudad de México, con la presencia de 15 presidentes o primeros ministros, dos vicepresidentes y 12 cancilleres o funcionarios de Latinoamérica y el Caribe.

En la cumbre se tocaron puntos considerados cruciales de la región como la migración, el bloqueo a Cuba, la vacunación y las consecuencias de la pandemia.

Respecto al último tema, Alicia Bárcena, secretaria de la Cepal, detalló un plan a seguir por parte de la región para contar con vacunas, equipos y pruebas. Se destacó la participación de México en la producción y envasado de vacunas con el acuerdo México-Argentina con inversión de la fundación Slim para producir la vacuna AstraZeneca.

También se reconoció la labor del canciller mexicano Marcelo Ebrard, en su papel ante la ONU para “reclamar” vacunas para Latinoamérica y el Caribe. Sin embargo, es importante considerar que dichas exigencias no contemplaron una denuncia firme a los países imperialistas, ni una verdadera exigencia a las grandes farmacéuticas que lucran frente a la pandemia, para lo que se debería exigir que se liberen las patentes. Mucho menos una política que pusiese en cuestión las ganancias de estas empresas.

Frente a la migración Andrés Manuel López Obrador, llamó a los gobiernos de Estados Unidos y Canadá a promover la creación de empleos y oportunidades en la región para mitigar los flujos migratorios, una propuesta que hace meses le había planteado a la Vicepresidente Kamala Harris con la intención de desplegar los dos principales programas sociales del gobierno (Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida) en el triángulo del norte de Centroamérica. Recordemos que, mientras AMLO enarbola este discurso, la Guardia Nacional -siguiendo los dictados de la Casa Blanca- ha reprimido duramente, en las últimas semanas, a miles de migrantes haitianos y de otras nacionalidades de Centro y Sudamérica, que intentan transitar por México hacia Estados Unidos, muchos de los cuales reclaman ser reconocidos como refugiados.

La reunión de la CELAC estuvo marcada por la tensión provocada por las declaraciones de los mandatarios de Uruguay y Paraguay quienes cuestionaron duramente la presencia de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel, presidentes de Venezuela y Cuba. Aquellos además insistieron en “no desechar” a la Organización de los Estados de América (OEA), instrumento mediante el cual el imperialismo estadounidense ha profundizado su injerencia política en la región.

Leer: Tensión en la CELAC: Uruguay y Paraguay critican la presencia de Maduro y Díaz Canel

El gobierno mexicano viene hablando de un nuevo enfoque para las relaciones exteriores, mediante una retórica progresista que pone énfasis en la soberanía nacional. AMLO se ha pronunciado contra el bloqueo en Cuba como se vio en el reciente discurso del día de la Independencia, y ha puesto cierta distancia de la política intervencionista de Estados Unidos en la región. Esto sin tensar demás la cuerda con el vecino estadounidense ni poner en cuestión la subordinación económica y política a este. Por ello la firma del T MEC y lo que ya comentamos en torno a la política antinmigrante; en lo que va del año ha arrojado la detención de 147 mil 33 migrantes y la militarización de ambas fronteras con el despliegue de 27 mil militares.

En julio de este año, el canciller Marcelo Ebrard aseguró que “la OEA quedó demodé porque el mundo cambió” y que la misma no podía ser un instrumento de intervención: “Adiós OEA, en su sentido intervencionista, injerencista y hegemonista”, por último afirmó: “que venga otra organización que construyamos políticamente en acuerdo con Estados Unidos para el Siglo XXI”.

Bajo estas declaraciones, se comenzó a especular si la VI cumbre de la CELAC sería un hito en este sentido, y marcaría el inicio del fin de la OEA.

¿Fin de la OEA y una nueva política para Latinoamérica?

En el discurso de apertura Andrés Manuel López Obrador planteó tres ejes para una “nueva relación entre los pueblos de América”:
“1. La no intervención y la autodeterminación de los pueblos, sobre la democracia y derechos humanos.
2. La cooperación para el desarrollo mediante la reactivación de la economía del continente para producir lo que se consume en la región.
3. La ayuda mutua para combatir la desigualdad y la discriminación para garantizar el bienestar de los pueblos de América.”

En la cumbre, Nicolás Maduro denunció la política de injerencia del imperialismo respecto a su país, Cuba y Nicaragua y a la par llamó al pleno a fortalecer una nueva institución a favor de la integración democrática de los pueblos de Latinoamérica.

Esto, claro, sin mencionar que -mientras el imperialismo mantiene su ofensiva sobre Venezuela- bajo su gobierno se profundizan los ataques contra los trabajadores y el pueblo, la represión y el autoritarismo contra las libertades democráticas. Los mandatarios y representantes de Cuba, Nicaragua y Bolivia también criticaron el actuar de la OEA.

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Por su parte, el presidente de Uruguay, Luis Lacalle, defendió a la OEA y afirmó que participar en este espacio es clave como institución interamericana con ya 73 años de haber sido creada.

Al cierre de la sesión varios medios nacionales aventuraban que la cumbre de la CELAC apuntaba a contraponer un nuevo proyecto de Latinoamérica frente a la OEA. Sin embargo, AMLO fue el encargado de poner los paños fríos asegurando que darle la espalda a Estados Unidos no es una opción: “Es tiempo de expresar y de explorar otra opción: la de dialogar con los gobernantes estadounidenses y persuadirlos de que una nueva relación entre los países de América es posible”.

La formulación del gobierno federal juega a dos puntas, por un lado crítica aspectos de la política estadounidense, por el otro opina que el “avance” que propone es de la mano del imperialismo estadounidense, mismo que sostiene el criminal bloqueo a Cuba, que históricamente ha orquestado y organizado los golpes militares en la región desde los 60s y hoy empuja las políticas contra los migrantes.

Aunado a esto plantea que EEUU y Canadá entren a la CELAC para tener una relación mucho más orgánica entre el imperialismo y los países latinoamericanos.

Esta política de AMLO representa además una apuesta fuerte regional. Erigirse en una suerte de líder regional, aprovechando para ello la crisis que actualmente enfrenta el gobierno de Alberto Fernández en Argentina y la postura de Jair Bolsonaro (que retiró a Brasil de la CELAC), y ubicándose “al centro” de las distintas posturas de los gobiernos capitalistas de la región.

Sin embargo, no puede haber autodeterminación de los pueblos en el marco de una subordinación al imperialismo estadounidense. Si bien esta discusión se da en el marco del declive importante de la hegemonía estadounidense en todo el mundo y su reciente descalabro con la salida de sus tropas y funcionarios de Afganistán y el regreso del talibán, esto no implica que el imperialismo sea un tigre de papel.

En la región ha mantenido una política agresiva estando tras el golpe de estado en Bolivia, teniendo importantes aliados como los presidentes de derecha en Brasil, Uruguay, Paraguay y Colombia, impulsando el grupo Lima y fortaleciendo el rol de la OEA.

A la par ha mantenido una política agresiva contra las inversiones chinas en la región, impulsando -previo a la presidencia de Donald Trump- el Acuerdo de Asociación del Transpacífico (TPP) y más recientemente, tras su salida de medio oriente, el impulso de AUKUS con Australia e Inglaterrapara fortalecer sus alianzas en el Indo-Pacifico en medio de las disputas con Pekin que van desde el Mar del Sur de China a Taiwan.

Para avanzar en la liberación de los pueblos de América Latina, se requiere una política claramente distinta a la que han sostenido los gobiernos de la región, incluidos aquellos “progresistas” y “posneoliberales”, que más allá de la retórica y los roces que pueden haber tenido con Washington, han mantenido lo esencial de la opresión imperialista, como se ve en el pago puntual que han realizado de la deuda externa. Es necesario romper con la subordinación al imperialismo estadounidense y los organismos financieros internacionales algo que aquellos se han negado a hacer.

Para ello es urgente que se levante una política de plena independencia de los partidos burgueses nacionales y sus gobiernos, una clara política antiimperialista en la región que exija el alto al criminal bloqueo a Cuba y el fin de la injerencia imperialista en la región y la unidad de las y los trabajadores de América Latina y el Caribe contra el imperialismo y los gobiernos capitalistas.





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